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11 julio 2012 · Anunciantes
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Una compañía de comida basura no debería patrocinar los Juegos Olímpicos, ¿o sí?

Hamburguesas y deporte nunca han ido de la mano. O por lo menos así ha sido hasta ahora, ya que McDonald’s acaba de terminar de construir su mayor tienda de la historia en el Parque Olímpico de Londres y ha hecho que hasta el Comité Olímpico Internacional (COI) se lleve las manos a la cabeza, ya que son pocos los que consideran apropiado que una cadena de comida rápida patrocine unas olimpiadas.

Jacques Rogge, presidente del COI, admitió este fin de semana en el Financial Times que había un interrogante sobre el hecho de que compañías de comida rápida y poco saludable puedan ser patrocinadores de los Juegos Olímpicos, y reconoció un malestar público frente a los grandes eventos deportivos en los que ya no es raro ver anuncios de comida basura. Unos comentarios que se producen poco después de que McDonald’s se enfrentara a la Asamblea de Londres por una moción en la que el Partido Verde pedía que se prohibieran patrocinios deportivos de marcas relacionadas con la obesidad infantil. Y es que, de la misma forma que en Reino Unido están prohibidos los anuncios de comida poco saludable en televisión, la presencia de McDonald’s en los Juegos Olímpicos podría saltarse esta prohibición de forma poco transparente.

Un caso que saca a la luz la actitud escéptica que existe en torno a los patrocinios corporativos en Reino Unido. Hasta hace poco, el dinero privado siempre jugaba un papel secundario en los fondos del gobierno en la financiación del arte y la cultura. Una ambivalencia que a veces ha explotado y resultado en protestas y publicidad agresiva con las compañías. Y esto es justo lo que ocurrió la semana pasada el museo Tate Modern se vio metido en una fuerte polémica por su relación con British Petroleum cuando un grupo de manifestantes llevó una hoja de una turbina de viento de media tonelada y 16 metros de largo a la galería y la dejó en la entrada como si fuese un regalo.

McDonald’s, aunque no es la primera vez que se enfrenta a las duras críticas británicas por este tipo de patrocinios, está afinando su estrategia hasta que el foco de los Juegos esté encima de ellos. Por eso, y con el objetivo de presionar al Comité Olímpico de Londres, la compañía accedió esta primavera a utilizar sólo pollos británicos para sus tiendas del Parque Olímpico. Además, utilizarán un 75% de materiales reciclables para todas las tiendas y convertirán el aceite de cocina usado en biodiesel.

Puede que sean unos pasos interesantes, pero cuando se piensa que los espectadores tendrán que abandonar el Parque Olímpico si quieren comer otra cosa y que los organizadores recomiendan estar unas dos horas y media antes de que empiece el evento, ya no se ve tan claro.