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1 febrero 2012 · Digital
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¿Qué pasa con nuestra vida digital cuando morimos?

Un usuario medio comparte 415 contenidos en Facebook cada año, invierte 23 minutos de cada día de su vida en Twitter, donde envía 15.795 tweets en toda su vida, hace check in 563 veces en Foursquare, sube 196 horas de vídeo a YouTube y envía una infinidad de correos electrónicos. Pero si hay algo que todos los usuarios de redes sociales tienen en común es que, tarde o temprano, van a morir. ¿Y qué pasará con todos esos contenidos y esa información que hemos subido a la red durante toda nuestra vida?

Es cierto que la mayoría de los usuarios probablemente no piensen demasiado en esto. Pero, ¿querríamos vivir eternamente en la red? ¿Que nuestros emails, tweets, fotografías y otros contenidos pasen a nuestros herederos? ¿Cómo podemos mantener un legado online una vez que ya no estemos? Quizás puedan parecer preguntas un tanto macabras, pero hay que plantearse de la misma forma en que se hace un testamento para asegurarnos de que nuestras posesiones quedarán en manos de quienes deseamos.

Para entender todo esto mejor, Lifeinsurancefinder.com ha creado un vídeo-infografía bastante interesante en el que explica la importancia y los pasos que hay que seguir para crear una “última voluntad digital” y asegurarnos de que nuestra vida digital estará a salvo una vez que nos hayamos ido. El objetivo es animar a los usuarios de redes sociales a investigar las políticas de las plataformas que utiliza en caso de fallecimiento de los usuarios para poder elegir un “testaferro digital” que se encargue de cumplir su última voluntad.

Puede parecer algo demasiado mórbido para pensar ahora pero, teniendo en cuenta que el 70% de la población mundial está en los social media, un porcentaje que no deja de crecer, y que cada minuto mueren 3 usuarios de Facebook, lo que supone 1,78 millones al año, plantearse estas cuestiones no está de más. Eso sí, quizás, como dice el vídeo, logremos que nuestra huella en el mundo no desaparezca una vez que nos hayamos ido gracias a una resurrección online o a la creación de un clon o un holograma con nuestras mismas características dentro de 100 años. Con toda la información que estas plataformas tienen de nosotros, es viable, aunque también un poco aterrador.

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