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9 julio 2012 · Publicidad
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Libros con publicidad, ¿y por qué no?

Hasta ahora la literatura ha sido un terreno virgen para la publicidad. Nadie se ha atrevido a insertar espacios publicitarios en las páginas de un libro y son pocos los que han osado defender su comercialización como soporte publicitario. Hasta ahora, porque en China ya se ha empezado a experimentar con la venta de espacios publicitarios en libros.

En marzo de este año se publicó “Mi hijo, Yo-Yo”, una biografía de un violonchelista chino escrita por su madre y en el que, bajo el texto promocional de la editorial, se puede ver un anuncio de unos grandes almacenes chinos especializados en menaje del hogar. Es el primer caso, pero parece que no será el último, porque la Asociación de Editores de China ya firmó un acuerdo el año pasado con la agencia de publicidad de Pekín Jinghua Aobo para anunciar productos y servicios en las cubiertas de los libros y próximamente se lanzará una decena de libros con publicidad`.

Eso sí, para poder anunciarse en un libro los anuncios tendrán que estar relacionados con la temática de la obra y las empresas podrán colocar un logo o un lema, pero nunca precios o productos concretos. Además, la agencia sólo pagará al editor por cada libro que se venda.

Pero, ¿podrá extenderse este modelo? Mientras en China los escritores sí apoyan esta iniciativa, en nuestro país las opiniones están divididas. “En nuestro mercado no lo termino de ver”, explicó Luis Solado de Libros del Asteroide en Yorokobu. “Sobre todo porque me parece que existen soportes publicitarios impresos mucho más interesantes que la contraportada de un libro”. Jaume Bonfill, editor en De Bolsillo, ha asegurado en la misma publicación que “las tiradas en España son muy cortas y el libro cada vez es algo menos masivo, si es que lo fue algún día”.

Según Bonfill, los libros con mayor tirada, los que logran mayor exposición, no necesitan financiarse con publicidad, mientras que aquellos cuyas ventas son menores y sí necesitarían ese empuje, probablemente no interesen a los anunciantes. “Luego está el dilema de qué anunciar. Según quién fuera el anunciante, habría clientes que quizá no querrían vender el libro. ¿Estaría dispuesto Fnac a vender un libro en el que se anunciara El Corte Inglés?”.

“Creo que nos cuesta mucho convertirnos en marca”, añadió Bonfill. “No hemos sabido o podido publicitarnos muy bien a nosotros mismos por motivos meramente económicos y de difusión, así que dudo que alguien quisiera usar los libros como plataforma publicitaria”.

Entre los escritores, en cambio, hay opiniones de todo tipo. “Me parece una idea muy oportuna lo de incorporar la publicidad a los libros. De hecho, creo que los anunciantes todavía no son conscientes del filón que tienen ahí. Lo veo incluso más apropiado para el formato e-book que para el papel”, afirmó Grace Morales, autora de “Otra Dimensión”. Para Jimina Sabadú, autora de “Celacanto”, en cambio, la idea no está tan clara: “el señor que paga por poner su anuncio se convertiría en cliente y al igual que en la mayoría de los medios no se pueden verter comentarios negativos sobre los anunciantes, la novela quedaría comprometida y en un momento dado no sería ni forma de expresión, ni arte, ni discurso, ni nada de nada. Que sí, que lo pop está muy bien, pero debería haber cosas que no lo fueran”.