Social Media Marketing Antes muertos que auténticos para ser envidiados (insanamente) en las redes sociales

envidiaLa mayor parte de las fotografías que tenemos a bien publicar en las redes sociales son imágenes de vacaciones, de fiestas y de momentos súper "cool". Y es que en Facebook, Instagram y compañía lo que nos gusta de verdad es que nos envidien. ¿Por qué, si no, nos devanamos los sesos buscando filtros para embellecer nuestras fotos y somos tan aficionados a los selfis en la Web Social?

Aun siendo conscientes de la envidia (nada sana probablemente) que despiertan nuestras fotos en las social media, continuamos publicándolas con fruición. "La envidia es una reacción natural y espontánea frente a situaciones en las que nos sentimos en inferioridad de condiciones", explican Jan Crusius y Thomas Mussweiler en un estudio de la Universidad de Colonia (Alemania) sobre la envidia. "Y a esta reacción le da por aparecer también cuando el motivo para el sentimiento de inferioridad no tiene apenas relevancia para la imagen que tiene de sí misma la persona que siente envidia", añaden Crusius y Mussweieler. Aun así, no podemos evitar que esas fotos que vemos de nuestro mejor amigo en el Caribe se nos claven como un puñal en el corazón y nos pongan (casi literalmente) verdes de envidia.

La envidia que provocan los posts en los social media es más o menos sana, por otra parte, en función de la cercanía (amistosamente hablando) que hay entre usuarios. Un informe del Instituto Leibniz de Ciencias de la Comunicación concluye que las publicaciones 2.0 deliberadamente “cool” y diseñadas “ad hoc” para fanfarronear tienen bastantes más probabilidades de provocar alegría genuina y envidia sana entre las personas con las que el autor tiene una relación estrecha que entre aquellos que son sólo “conocidos”.

De todos modos, y si sabemos de sobra que nuestras fotos (retocadas hasta el infinito y probablemente más falsas que Judas) provocan en los demás un sentimiento tan mezquino como la envidia, ¿por qué seguimos publicándolas? Básicamente porque es muy probable que esas maravillosas fotos se traduzcan en también en muchos “likes” (nacidos probablemente de la falsedad más absoluta) y esos “likes” son para nosotros dopamina (hormona de la felicidad) en vena.

En las redes sociales nos gusta no sólo gustar a los demás sino también ser comparados (y dejar a los demás a la altura del betún). De acuerdo con un reciente informe de la Universidad de Humboldt y la Universidad Técnica de Darmstadt, una tercera parte de los usuarios Facebook admite su frustración en esta plataforma y esa frustración nace en la mayor parte de los casos de la comparación con otras personas.

La envidia no siempre es mala. ¿El problema? Que en las redes sociales la envidia echa raíces en un constante sinsentido y no nos alienta a ser mejores, sino simplemente y únicamente a ser más falsos (y artificiosos) para ganar en número de “likes” a nuestros (supuestos) amigos.

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