Marketing Crítica "literaria" vs marketing: no se pierda esta original (e irónica) respuesta

literatura-moderna¿Vale todo en el marketing y la publicidad? Esta es una pregunta que seguro se ha planteado en más de una ocasión. La respuesta, para muchos, obviamente es no pero siempre tenemos que matizar. ¿Quién pone los límites a la creatividad y decide qué es o no válido?

Este es el sentimiento que debe haber experimentado Bob Hoffman, socio de Type A Group, consultoría para "marketeros", anunciantes y medios, tras leer una de las reseñas que se han escrito sobre su última publicación: "Marketers Are From Mars, Consumers Are From New Jersey". Un libro en el que se explica la situación actual del marketing.

Hoffman tiene claro que “marketeros” y anunciantes han perdido el contacto con los consumidores y ahora viven en un mundo de fantasía ajenos a la auténtica realidad. El autor ha dedicado una entrada en el blog Ad Contrarian para reflexionar sobre una de las críticas lanzadas por una lectora que no le dejan en muy buen lugar.

Aunque nuestra protagonista alaba los consejos sobre marketing que el autor ofrece en su libro, no duda en destacar que el uso de determinadas palabras que ella considera como malsonantes e incluso relacionadas con el mundo del sexo, sólo sirven para desviar la atención del lector.

Lo más llamativo de todo es que esta reseña ha sido escrita únicamente con la lectura de las dos primeras páginas de la obra. Geraldine, que así se llama la ofendida lectora que afirma no ser una ”mojigata”, está totalmente en contra de los términos utilizados dejando claro que no todo vale en el mundo “marketero”.

“El marketing es una profesión admirada, virtuosa y mucho más. Nunca deberíamos permitir que los hábitos más desagradables del arte o la literatura mancillen nuestro trabajo”, exclama Hoffman en tono irónico en su respuesta. Dentro de la misma alude a sus múltiples intentos a la hora de leer obras de Norman Mailer, Ernest Hemingway o James Joyce, en las que siempre se ha encontrado con referencias similares a las que critica la lectora. Hablamos de lo que ella misma describe como “f-word” (puede hacerse una idea de por donde se encamina la crítica).

Antes de agradecer el tiempo que Geraldine ha dedicado a leer la increíble cantidad de dos páginas sobre las que basar su reseña, Hoffman le pide por favor que no vuelva a utilizar el término “f-word” sino que llame a las cosas por su nombre. No hay nada de malo en utilizar los conceptos para lo que han sido creados si lo que realmente queremos es transmitir una idea.

“Lo crea o no, hay personas que van a escribir una reseña después de haber leído página y media de mi libro. Saber que hay gente impresionante como ustedes que no son unos mojigatos y que tienen la integridad suficiente para terminar dos páginas antes de publicar su opinión, hace que escribir sea mucho más gratificante”, concluye Hoffman haciendo alarde de toda la ironía y creatividad que el caracterizan.

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