Marketing ¿El marketing que se hacía en el siglo XX? El Big Data lo mató (y lo enterró)

marketingDatos, datos y más datos. Ellos y no otros deberían ser los compañeros inseparables de fatigas del marketing (tanto en el presente como el futuro). Al fin y al cabo, son los datos y no otros los que permiten que el marketing se libere del yugo de las masas para centrarse en las personas. El marketing debe dejar de ser marketing para los consumidores para convertirse en marketing para las personas. Y quien dice esto no es ni mucho menos bisoño en el universo "marketero". Lo dice nada más y nada menos que Keith Weed, director de marketing del gigante anglo-holandés de bienes de consumo Unilever.

Como “marketeros”, “estamos obligados a entablar relaciones con las personas e interactuar de manera individual y personal con esas personas”, dice Weed en una entrevista recientemente concedida a la publicación alemana especializada en marketing y publicidad Horizont.

En Unilever “nos puesto como objetivo desarrollar relaciones con mil millones de personas. Y si queremos ofrecer a tantísimas personas un valor añadido de manera creíble, auténtica y eficaz, no nos queda otra que confiar en los datos y utilizarlos de manera inteligente”, señala.

Eso sí, en Unilever, y más allá de proclamar a los cuatro vientos su romance con los datos, no se olvidan tampoco de desarrollar marcas y productos pertrechados de una filosofía convincente. “Al cliente hay que ofrecerle no sólo un valor añadido sino también acompañar ese valor añadido de una filosofía de marca”, recalca.

Los viejos principios por lo que se regía el marketing allá en el siglo XX, cuando el consumidor era una masa amorfa, se han quedado inevitablemente “demodé”, afirma. En este sentido, “nuestro gran reto en Univeler es desarrollar conceptos de marcas los más personalizados posible”, señala Weed. “Se trata de deleitar al consumidor con experiencias de marca hechas a medida”, agrega.

Pero, ¿cómo se diseñan experiencias a la medida del consumidor? Weed cree que la clave está en saber escuchar al consumidor. Procedentes de las distintas marcas que se agrupan bajo el paraguas de Unilever, la multinacional anglo-holandesa recibe cada mes millones y millones de llamadas procedentes de todos los rincones del planeta, apunta Weed. Y entre el 70% y el 80% de esas llamadas buscan soluciones a problemas que en realidad son muy sencillos. “Unilever se toma la molestia de analizar en profundidad todas y cada una de esas llamadas para conocer mejor a sus clientes y añadir mejoras a sus productos que quizás, de otra manera, serían pasadas por alto”, indica.

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