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2 julio 2013 · La Columna
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El menguante tamaño del creciente mercado audiovisual

En España se ve más televisión que nunca. Las cadenas tradicionales baten récords de consumo mes tras mes, con unos televidentes que pasan ya más de cuatro horas y media diarias delante del televisor como media. El creciente paro, que tiene a buena parte de la población cada vez más tiempo en casa, la variedad de programación ofrecida, y el desenganche de las suscripciones a las plataformas de pago por la crisis pueden explicar esta evolución. 

También se ha multiplicado el consumo de contenidos audiovisuales en Internet. La generalización de los accesos de banda ancha en los hogares, con una penetración superior al 60% de la población y la introducción del acceso ultrarrápido, a través de la fibra óptica, que llega ya a más de medio millón de hogares, representa una plataforma tecnológica óptima para desarrollar el negocio audiovisual.

Con esta enorme capacidad de conectividad, los internautas descargan o ven en streaming películas, series y programas, en ofertas legales o piratas, de manera masiva, por la facilidad de acceso y la cada vez mayor calidad de las transmisiones. Descargar una película de alta definición en pocos minutos ya no es ciencia ficción. 

De esta fiebre por los contenidos audiovisuales se está beneficiando la industria electrónica, que aumenta cada trimestre la venta de televisores inteligentes y otros dispositivos receptores con conexión a Internet, como tabletas y portátiles. También los anunciantes, con cada vez más audiencia en su soporte favorito para la comunicación de masas, la televisión. Y en gran medida, pese a la caída de la inversión publicitaria, las grandes cadenas televisivas privadas, que acumulan poder alrededor de audiencias que alimentan ahora, además, con grandes eventos en directo, especialmente deportivos, antes reservados a cadenas públicas o plataformas de pago. 

También crece, lógicamente, la demanda de contenidos, principalmente por el efecto multiplicador de Internet, que se encargan de proveer las productoras audiovisuales. 

Un análisis del negocio televisivo en España, con todos estos elementos en la coctelera, podría llevar a un observador a la conclusión de que el tamaño del mercado, necesariamente, esté creciendo. Pero nada más lejos de la realidad. Desde el inicio de la crisis, el número de cadenas de televisión se ha reducido drásticamente. De seis compañías que competían en 2008, ahora quedan cuatro. Dos de ellas, además, Mediaset España y Antena 3 TV, acaparan más del 90% de los ingresos. La facturación de este sector representa además, en su conjunto, la mitad que cinco año atrás. 

En televisión de pago, el panorama no resulta mucho más alentador. Canal +, la plataforma de referencia en España, pierde abonados cada ejercicio, y ya hace años que perdió de vista el umbral de los dos millones de suscriptores. Otras propuestas del ámbito de Internet, como las estadounidenses Netflix y Amazon, no han visto la oportunidad de entrar en España, pese al enorme consumo de contenidos que se concentra en la red de redes, por encima de la mayor parte de los mercados europeos. 

En la producción audiovisual, las compañías españolas atraviesan dificultades financieras, pese al proceso de consolidación que han vivido empresas como Vértice 360, o buscan oportunidades fuera de España, como Mediapro, que facturará la mitad de su negocio en el exterior para compensar el estancamiento local. 

La respuesta a la aparente contradicción audiovisual es clara: la mera demanda no crea industria, que solo se forma con una oferta sólida y viable, con empresas que operan en un marco legal y político estable. No parece el caso.

Vía: Expansión

Javier Montalvo