En Estados Unidos, donde el coste de la vida se ha disparado en los últimos meses (en particular en grandes ciudades como Nueva York), Aldi y Lidl han encontrado un terreno extraordinariamente fértil para echar copiosos brotes verdes.
La subida del precio de los alimentos, el aumento de los alquileres y el crecimiento del coste de los seguros médicos han propiciado que cada vez más consumidores estadounidenses den prioridad al precio sobre la experiencia de compra y sobre la variedad en el surtido de productos.
En la depauperada economía doméstica de muchos ciudadanos estadounidenses Aldi y Lidl han terminado hallando una excepcional aliada para dar alas a su expansión allende los mares. Prueba de la creciente pujanza en Estados Unidos de ambas cadenas de supermercados (célebres por sus precios bajos) es la reciente apertura de un establecimiento de Lidl en pleno corazón de Brooklyn. Sito en Quinta Avenida del celebérrimo barrio neyorkino, la apertura de este local de Lidl ha contado con el respaldo de los representantes vecinales.
Los residentes en las inmediaciones del establecimiento (donde la gentrificación más feroz enseña desvergonzadamente sus fauces) buscaban una alternativa asequible a supermercados de alta gama (y mucho más onerosos) como Whole Foods. Y apoyaron que Lidl se asentara en un solar otrora ocupado por Key Foods porque sabían que el local iba a tener un efecto balsámico en sus castigados bolsillos.
La popularidad de Aldi y Lidl está creciendo como la espuma en Estados Unidos
En Nueva York, que tiene la vitola de ser una de las ciudades más caras del mundo, la asequibilidad se ha convertido en una prioridad política y social. Y los modelos de negocio en los que echan anclas Aldi y Lidl (con una oferta limitada de productos, fuerte presencia de marcas blancas y estructuras de costes muy ajustadas) se ajustan como un guante a las necesidades de quienes residen en la Gran Manzana y han visto cómo el coste de la vida se ha incrementado hasta límites insospechados en una ciudad que parece empeñada en «expulsar» vilmente a quienes no son suficientemente pudientes.
Aldi y Lidl ponen a disposición de los consumidores estadounidenses una variedad de productos sensiblemente menor que las de otras grandes superficies al otro lado del charco, pero tales productos son también notablemente más económicos que otros supermercados. Y ello compensa definitivamente a un consumidor a quien le cuesta cada vez más llegar a fin de mes en Estados Unidos.
Del éxito de Aldi y Lidl en Estados Unidos dan fe las cifras. De acuerdo con las cifras barajadas por la empresa de análisis Placer.ai, las visitas a los locales de Lidl pegaron un brinco del 7% en diciembre del año pasado, mientras que en Aldi tales visitas se dispararon un 5,3%. Una y otra cifra se sitúan por encima de la media, donde las visitas a establecimientos similares crecieron un 4% en Estados Unidos en idéntico periodo de tiempo.
Estados Unidos no es en modo alguno un mercado nuevo para Aldi, que inauguró allí su primera tienda en 1976 y actualmente se encuentra en plena fase de expansión. La cadena alemana prevé levantar la persiana de 180 nuevos locales en Estados Unidos en un lapso de apenas un año. Y su objetivo es tener casi 2.800 establecimientos en Estados Unidos a finales de 2026. Aldi ha logrado forjar además una fuerte conexión emocional con su clientela en Estados Unidos, donde han emergido a la superficie comunidades digitales centradas en sus productos de edición limitada.
Aldi y Lidl están creciendo mucho en las zonas urbanas, que son las más castigadas por el coste de la vida al alza en EE.UU.
Aldi está asimismo presente en Estados Unidos con la marca Trader’s Joe, una cadena de supermercados con un posicionamiento más premium, pero que destaca igualmente por la fuerte presencia de marcas blancas y por sus precios altamente competitivos. Trader’s Joe cuenta ya con aproximadamente 600 locales en Estados Unidos y continúa expandiéndose a lo largo y ancho de la geografía estadounidense.
Lidl, por su parte, debutó bastante más tarde al mercado estadounidense, adonde arribó por primera vez en 2017. Además, su desembarco en tierras estadounidenses fue pródigo en dificultades. El surtido elegido por Lidl para estrenarse en Estados Unidos resultó inicialmente demasiado europeo para el paladar del consumidor local y las ubicaciones de sus locales no fueron siempre las más idóneas. Sin embargo, en los últimos años Lidl ha dado un giro a su estrategia en Estados Unidos y ello ha dado alas eventualmente a su expansión. Actualmente la cadena alemana opera cerca de 200 locales en la costa este del país norteamericano y su presencia allí se está consolidando progresivamente.
Frente a retailers locales que requieren habitualmente locales mucho más amplias, Aldi y Lidl cuentan con la ventaja de tener mucha experiencia en la gestión de tiendas de dimensiones reducidas. Y ello está dando alas en último término a su expansión en zonas urbanas (donde el consumidor tiene una necesidad cada vez mayor de opciones asequibles).
En un país acosado por la inflación y el aumento absolutamente encabritado del coste de la vida, el binomio calidad-precio de Aldi y Lidl hace tilín a cada vez más consumidores en suelo estadounidense. Y lo que antes se percibía como una experiencia de compra austera hoy se interpreta con una solución eficiente y racional. A Aldi y Lidl no les ha pasado en modo alguno desapercibido el cambio en la manera de los estadounidenses de aproximarse al consumo y lo están aprovechando hábilmente para consolidar su posición en uno de los mercados más competitivos del mundo.





