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¿Hay un gusano dentro de la manzana de Apple?

Apple está ahora mismo en medio de la victoria tras la batalla contra Samsung en los tribunales, con el lanzamiento del iPhone 5 y alcanzando los 2 millones de pedidos antes del lanzamiento de lo que parece que se ha convertido en el producto estrella de la compañía. Así, todo parece estar avanzando en la dirección correcta para Apple, como es habitual.

Pero ha habido bastante cobertura negativa acerca del decepcionante estreno de la aplicación de mapas de Apple (sin Google), además de la frustración de muchos usuarios por tener que abandonar muchos accesorios incompatibles con el iPhone 5 debido al nuevo conector. A pesar de esto, los analistas prevén que las ventas del nuevo iPhone 5 añadirán medio punto porcentual sobre el PIB  de Estados Unidos este año. Se podría decir que la economía mundial se inclina y se quita el sombrero ante la que era la compañía de Steve Jobs.

Sin embargo, bajo la superficie hay mucho de lo que preocuparse cuando se trata de una de las marcas más queridas y valiosas del mundo. ¿El problema? Con el iPhone 5 Apple quizás ha fracasado en lo que más caracteriza a su marca: la magia tecnológica.

El fallecido Steve Jobs era famoso por el uso de hipérboles cuando describía los nuevos productos de la compañía en los misteriosos eventos de la marca. 'El más', 'el mejor', 'mágico' y 'sorprendente' eran las palabras más utilizadas por Jobs y, por lo tanto, por Apple.

Estos términos se utilizaban para describir tanto lo que realmente era impresionante (el iPod original, el MacBook Air o la pantalla retina) como lo más mundano (el magic mouse o los icónicos y emblemáticos auriculares blancos) por igual.  Y si bien esto es bueno cuando las cosas son realmente increíbles, es peligroso cuando los productos que los fanáticos de Apple más adoran no son tan mágicos, o peor, no son lo que se esperaba.

Un repaso a la cobertura provocada por el lanzamiento del iPhone 5, recogida tanto por los medios tecnológicos como por los más generalistas, muestra que Apple puso en manos de sus clientes lo que la mayoría, si no todo el mundo, esperaba. Y ese es el problema más grande al que puede enfrentarse una marca que se basa en la entrega de algo increíble, mágico e inimaginable.

Para hacerlo más simple, desde que el iPhone original debutó en 2007 ha habido una serie de mejoras evolutivas, aunque no cambios revolucionarios. Como Brian Barrett de Gizmodo resalta, los últimos productos de Apple reflejan una obsesión por la perfección y la innovación, poniendo al público versiones beta y cumpliendo con las expectativas.

Para cualquier otra marca esto podría estar bien. Pero para Apple, la marca que muchos sostienen como el punto clave que define cómo usamos la tecnología, esto es irrefutable. Se sugiere que, quizás, Apple bien podría haber tocado ya techo.

La gente continuará comprando los productos de Apple, pero cabe preguntarse por qué seguirán haciéndolo y si está dentro de las promesas que hicieron que ésta fuera una de las empresas más valiosas del mundo en los años 90. El tiempo lo dirá pero, a menos que Apple encuentre el camino de regreso a su base, puede ser que haya un gusano dentro de la manzana de la compañía.

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