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¿Por qué las marcas tienen que ser también "cuentacuentos"?

Si echamos la vista atrás en la historia de la humanidad, el arte de contar historias ha desempeñado siempre un papel clave en la difusión de la cultura, de comunidad a comunidad, y de generación a generación. Al fin y al cabo, ¿qué es la Biblia sino una extensa colección de historias? ¿No son acaso las pinturas rupestres representaciones visuales de historias?

El arte de contar historia hunde en realidad sus raíces en la biología. Las historias y los cuentos estimulan el lado izquierdo del cerebro humano, que es el que está conectado con las emociones, a diferencia del derecho, que el encargado de la razón.

Las historias conectan, por lo tanto, con las emociones. Y las emociones son precisamente la principal materia de trabajo de la publicidad. Las campañas publicitarias se hacen con el objetivo de despertar la emoción del consumidor, no la razón, explica Nigel Kwan en MS Advertising.

En las historias que los anunciantes cuentan en sus campañas publicitarias a los consumidores hay siempre elementos que van más allá de la propia marca. Y paradójicamente son esos elementos “ajenos” a la marca los que mueven al consumidor a ir al punto de venta y comprar el producto publicitado.

Hoy en día, cada vez más, las marcas tienen que explotar su faceta de “cuentacuentos” y concentrarse en el contenido de las historias que comunican al consumidor. Su gran reto es que añadir algo a la historia que conecte el lado pasivo del cliente (ver, escuchar y leer el anuncio) con su lado activo (buscar la marca en el punto de venta y contar la historia de la marca a otras personas). El mayor desafío de las marcas es lograr la conversión del consumidor en “cuentacuentos”.

El Chupete deja Valencia y abre concurso para buscar nueva sede para la edición 2012AnteriorSigueinteLas buenas ideas no llevan tanto tiempo como defienden las agencias

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