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Estos mitos son letales para las empresas

4 mitos capaces de matar a cornadas (de unicornio) a las empresas

En torno al anhelado éxito empresarial hay muchísimos mitos capaces de "asesinar" a las empresas que tienen a bien creerlos a pies juntillas.

mitosEn las conferencias (abundantísimas) que hay en el ramo del marketing son habituales los ponentes que pertrechados de una aureola de sapiencia (a veces absolutamente impostada) ponen bajo la lupa los fallos, al parecer estúpidos y perfectamente evitables, que cometieron algunas marcas en el pasado y que en el peor de los casos las llevaron a la ruina.

¿El problema? Que muchas de estas ponencias, pronunciadas por supuestos expertos, están hilvanadas en torno a mitos que, pese a ser tremendamente rimbombantes de cara a la galería, se desmoronan como naipes en el mundo real.

El éxito empresarial carga sobre los hombros con pesadísima mochila de mitos potencialmente mortales. Los que disecciona a continuación Inc. son probablemente los más mortíferos:

1. Las empresas deben moverse rápido y romper cosas (como si no hubiera mañana)

Cuando el iPhone salió del cascarón en 2007, Steve Ballmer, CEO por aquel entonces de Microsoft, se apresuró a desdeñar el fenomenal invento de Apple. El gigante del software se durmió en los laureles y perdió el tren del prometedor mercado de los smartphones. Durante un tiempo Microsoft, que antaño era foco de todas las envidias, se convirtió en una suerte de dinosaurio condenado a la extinción.

Sin embargo, lejos de pasar a mejor vida, Microsoft ha aumentado ostensiblemente sus ingresos en el transcurso de los últimos diez años y presume de márgenes de beneficios de casi el 30%.

Los números, absolutamente vigorosos, de Microsoft hablan por sí solos. ¿Cómo pudo la empresa de Redmond desaprovechar semejante oportunidad (la que pusieron sobre su mesa los teléfonos inteligentes) y no sólo sobrevivir sino también echar brotes verdes?

La clave para entender el éxito de Microsoft no son tanto las oportunidades que ésta tuvo a bien perder sino aquello que estaba pacientemente construyendo.

Mientras el resto del mundo perdía la cabeza por los ubicuos dispositivos móviles, Microsoft prefirió afanarse en dar fuelle a su hoy próspera división de cloud, la misma que la ha convertido (otra vez) en la empresa más valiosa del mundo.

Aunque la agilidad es importante en el anhelado éxito empresarial, no tiene de verdad sentido si lo que una empresa tiene entre manos es el desarrollo de algo verdaderamente nuevo y diferente. En tal caso la compañía necesita tiempo para explorar, descubrir e inventar algo completamente desde cero. Y esto es sólo posible con tiempo y paciencia.

2. La innovación tiene que ver con las ideas

A los gurús se les llena la boca hablando del poder de las ideas. Colgándose del brazo de genios como Albert Einstein, Mahatma Gandhi o Steve Jobs, estos (supuestos) expertos arrojan luz sobre la manera en que tales genios cambiaron el mundo con sus ideas.

Se supone (sólo se supone) que el mundo es posible cambiarlo única y exclusivamente con una buena idea, que hay que luchar por desenterrar (a paletadas) con técnicas como el brainstorming, la meditación y el “mindfulness”.

Pero la innovación no acontece en realidad como se empeñan en asegurar algunos gurús. Fijemos, por ejemplo, la mirada en Einstein. El célebre físico no partió de una idea absolutamente brillante sino de un problema para triunfar. Y tardó 10 años en resolver el problema que tenía entre manos con su famosa teoría de la relatividad.

Las empresas ávidas de tener un verdadero impacto en el mundo real no comienzan con una idea (supurante de purpurina) sino con un problema (significativo) al que procuran solución. Las revoluciones no comienzan con un eslogan, comienzan con una causa.

3. Bajar los costes hace automáticamente más competitivas a las empresas

No todos los autodenominados gurús son soñadores. Algunos enarbolan la bandera del realismo más crudo y sostienen que la eficiencia empresarial pasa inevitablemente por la reducción de costes.

¿El problema? Que las empresas que buscan a toda costa la eficiencia se topan de bruces con una paradoja: cuanto más tratan de optimizar sus operaciones, menos hábiles son identificando mejoras, reaccionando a los cambios y descubriendo nuevas posibilidades.

Las empresas que se lo juegan todo a la carta de la eficiencia (reduciendo costes drásticamente) se arriesgan a verse despojadas de valor. Y para ser competitivas a largo plazo, las compañías necesitan identificar su propio y más íntimo valor, y desarrollar nuevos modelos de negocio en torno a ese valor.

4. Las empresas que fracasan lo hacen por pura desidia

A los gurús les gusta sacar a colación en sus ponencias a marcas como Blockbuster, Kodak o Xerox que hundieron al parecer porque estaban lideradas por personas soberanamente tontas. Se supone que sus CEOs se durmieron en los laureles y fueron incapaces de reconocer los cambios que estaban aconteciendo en sus respectivos ramo de actividad.

Con todo, las historias de directivos supuestamente estúpidos que arruinaron a las empresas cuyos designios lideraban casi nunca son ciertas (o no lo son del todo). Dirigir una empresa es una tarea complejísima en la que inciden muchísimos factores. Por eso arriesgarse a proclamar que hay en realidad soluciones sencillísimas a problemas complejísimos tiene en realidad la misma veracidad que un cuento de hadas.

Los fracasos empresariales no son deudores única y exclusivamente de decisiones y eventos aislados. Y quienes los pintan de manera tan simplista no merecen credibilidad alguna.

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