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Lo que startups y empresas veteranas pueden aprender las unas de las otras

5 lecciones que las marcas veteranas deberían tomar prestadas a las startups (y viceversa)

De las startups, que tantísimo encandilan a los millennials, las empresas consagradas pueden aprender muchas cosas. Y también las segundas tienen valiosas lecciones para las primeras.

startupsEn los fundadores de las startups los millennials se ven a menudo reflejados como un espejo porque las "criaturas" de los primeros comparten con los segundos idéntica actitud hacia la vida.

Más allá de su extraordinaria química con la tecnología, de la que son en buena parte deudoras las empresas de nueva hornada, las startups le hincan el diente con muchísimo tino a tendencias (extraordinariamente cacareadas en los tiempos que corren) como la sostenibilidad, la responsabilidad social corporativa y la innovación.

De las startups, que tan bien congenian con la Generación del Milenio (el oscuro objeto de deseo de los marketeros), las empresas consagradas pueden aprender un puñado de valiosas lecciones, las que disecciona a continuación Horizont:

1. Estrategias “customer-centric” emanadas de la intuición

Los fundadores con el éxito a su vera tienden a colgarse del brazo de problemas que han vivido en primera persona para pergeñar la idea sobre la que se sustenta su negocio. A los problemas las startups se aproximan de una manera completamente nueva y no explorada hasta la fecha por las marcas tradicionales.

No en vano, el éxito de muchas empresas de reciente creación echa anclas en los fallos de compañías más veteranas (y desconectadas hasta cierto punto de los deseos y las necesidades de sus clientes).

Para las startups la denominada “customer centricity” no es mero mantra invocado más o menos a la ligera. Es algo que forma parte de su ADN desde el principio y que se traduce en la perfecta comprensión de los deseos y las necesidades del cliente.

2. Foco en los productos y en las experiencias

Las startups aspiran a resolver problemas humanos y a alentar cambios en el comportamiento de las personas. Y por eso no pierden ripio de las experiencias (de excepcional calidad) que brotan de los productos y servicios que tienen a bien desarrollar.

A las startups no les importan tanto los mensajes promocionales, las herramientas de marketing o el branding como las experiencias que procuran al cliente sus productos (que tienen que ser lógicamente pluscuamperfectos). Los días en que una marca (ungida por la tradición y la veteranía) podía “salvar” un producto a todas luces inadecuado han pasado definitivamente a la historia.

3. Valores y actitud

La Generación del Milenio espera de las marcas que sean dueñas de valores muy concretos y que tengan una actitud meridianamente clara en torno a temas de naturaleza social.

Toda marca debería pertrecharse de una personalidad y un espacio de identificación para ganarse la lealtad de una generación, la de los millennials, que no está dispuesta a que las marcas sean totalmente huérfanas de valores.

Para las startups resulta relativamente más fácil ser relevantes para los millennials porque en sus entrañas está inoculado un método rabiosamente moderno de aproximarse al “brand management” (y del cual las empresas ya establecidas en el mercado deberían tomar buena nota).

4. De la idea disruptiva a la marca

El aprendizaje no fluye en un único sentido (de startups a empresas veteranas). Lo hace también en sentido contrario. Al fin y al cabo, si en algo son parcas las startups es en relaciones suficientemente estrechas con el cliente (debido lógicamente a la falta de tiempo).

A la hora de constituirse como marca una startup debe tener muy claro cuál es su proposición única de venta o USP y en este sentido entran inevitablemente en la ecuación las viejas reglas del marketing, una de las cuales asevera que a largo plazo un producto o servicio se diferenciará únicamente de la competencia a través de la marca que hay parapetada detrás.

5. La definición de los fundamentos de la marca debe ser lo más temprana posible

Para una startup es de vital importancia definir en sus tempranas fases de fundación aquello que la definirá como marca a largo plazo. Una empresa de nueva hornada debe estar firmemente apalancada en sus “razones de ser” y sus “razones para creer”. De lo contrario, corre el peligro de convertirse en un ente esotérico.

En sus valores y cualidades las startups deben trabajar desde el principio. Y tales valores y cualidades pueden nutrirse de las experiencias personales de los fundadores que hay detrás de las startups (a fin de conferir a su storytelling cierta tensión narrativa).

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