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AnunciantesImagen de una tienda de IKEA

Los trucos de IKEA para siempre muerdas el anzuelo en sus tiendas

Así te "amuebla" la cabeza IKEA para que no puedas dejar de comprar en sus tiendas

Los módicos precios de IKEA nos hacen morder invariablemente el anzuelo tan pronto como nos abrimos paso en el punto de venta (aun sin intención de comprar nada).

Cuando incursionamos en las tiendas de IKEA, nos sentimos tentados de comprar decenas de artículos (también por supuesto los que nos necesitamos). Los módicos precios de la multinacional sueca nos hacen morder invariablemente el anzuelo tan pronto como nos abrimos paso en el punto de venta (aun sin intención de comprar nada). ¿Cómo consigue IKEA que caigamos casi siempre atrapados en las trampas que hay estratégicamente emplazadas casi en cada esquina en sus establecimientos? El reportaje «IKEA: Die Insider», emitido recientemente por la cadena pública alemana ZDF, trata de responder a esta y otras preguntas con la inestimable ayuda de cuatro exempleados de la marca escandinava con ánimo de darle a la sin hueso.

El primer truco del que es víctima el cliente cuando aterriza en IKEA es la bolsa amarilla que se le insta a tomar para llenarla hasta los topes de todo tipo de artículos (probablemente innecesarios).

Un exempleada que se hace llamar Ella (a quienes participan en el reportaje no se les ve en ningún momento el rostro, se les distorsiona la voz y se les provee de nombres falsos) describe la bolsa de marras como una auténtica «máquina de dinero».

Las tiendas de IKEA están plagadas de trampas para lograr que el cliente jamás ose marcharse de allí con las manos vacías

Una vez agarramos la bolsa, no podemos dejarla vacía. Sentimos la necesidad humana de llenarla hasta rebosar. En términos generales quienes no pueden evitar aprovisionarse de una bolsa amarilla de IKEA al entrar en los puntos de venta de la marca gastan una media de 20 euros más que quienes no caen en esta trampa.

Pero en los pasillos de IKEA al cliente le aguardan muchas más trampas. Y el exempleado Karl, otrora responsable del diseño de las muestras de muebles en las tiendas de la marca sueca, revela tales trampas. Las piezas individuales (el sillón orejero Strandmon, por ejemplo) están convenientemente iluminadas y emplazadas en los denominados «hotspots«, pequeñas islas especialmente diseñadas para que el cliente compre y que bloquean deliberadamente su camino en el punto de venta para que se pare. Quizás por ello el sillón Strandmon forma parte (en modo alguno por casualidad) del Top 10 de los productos más vendidos de IKEA.

Por otra parte, que cuatro personas convivan en un espacio de apenas 50 metros cuadrados (así son las viviendas de mentirijillas que IKEA presenta en sus tiendas) parece algo arrebatadoramente «cool». Tales viviendas están iluminadas de manera muy cálida y hacen un uso magistral del storytelling a fin de apelar (con muchísimo éxito) a las emociones del consumidor. Y una vez cosquilleadas sus emociones, el cliente no tiene inconveniente alguno en abrir de par en par la cartera.

Artículos a precio de ganga que es virtualmente «imposible» no comprar

Otras trampas a las que el consumidor es incapaz de sustraerse en las tiendas de IKEA es a las escobillas a 1 euro, el pack de perchas a 1,50 euros o las sartenes a 3,50 euros. Y para calmar su mala conciencia por haber adquirido cosas tan baratas como inútiles el cliente no puede evitar zamparse un «hot dog» por apenas 1 euro cuando termina su sesión de «shopping».

Las tiendas de IKEA parecen específicamente diseñadas para agujerear el monedero del consumidor casi en cada esquina.

Sin embargo, IKEA quiere dejar dejar de ser una marca deudora sobre todo y ante todo de sus económicos precios. Al fin y al cabo, ser una marca barata no tiene demasiado «sex appeal» para atraer a masas mucho más jóvenes y modernas. Y por ello la compañía enarbola con orgullo en los últimos tiempos la bandera de la sostenibilidad. De hecho, se ha marcado como objetivo alcanzar la neutralidad climática en los próximos años. Y la sostenibilidad copa, de hecho, casi todos los focos en sus actuales campañas.

¿Es oro todo lo que reluce en la sostenibilidad que pregona IKEA?

Así y todo, lo cierto es que en el reportaje con cámara oculta llevado a cabo por la ZDF los empleados de IKEA confiesan desconocer el origen de los materiales reciclados que la compañía dice emplear en la fabricación de sus productos.

Más violenta es la acusación lanzada en el reportaje por un activista que se hace llamar Alva y que acusa a IKEA de estar convirtiendo zonas otrora boscosas de Rumanía en desolados paisajes lunares. Alva sostiene que la multinacional escandinava ignora sistemáticamente los estándares sostenibles vigentes en la Unión Europea.

Que IKEA no es tan sostenible como se ufana de cara a la galería parece evidenciado cuando el equipo del programa compara una estantería Hejne de 2011 y otra actual. El modelo actual de esta esta estantería es más más pequeño, la distancia entre los tablones es mayor y sus tornillos están fabricados con plástico en lugar de con metal. Los cambios en la estantería no parecen obedecer a motivaciones de naturaleza sostenible y están motivados a todas luces por la reducción de costes pura y dura. «Es imposible mudarse de una casa a otra con muebles de IKEA», se lamenta un cliente en el reportaje. Puede, no obstante, que su lamento fuera igualmente válido hace 10 años.

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