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Apple deja atrás la usabilidad que le caracterizó en sus inicios

Apple, la marca a la que le dio por fabricar gadgets fáciles de vender y difíciles de usar

Antaño centrado en ofrecer a sus clientes la mayor usabilidad posible, Apple ha cambiado de táctica y fabrica gadgets fáciles de vender en lugar de dispositivos fáciles de usar.

appleQuienes están familiarizados con el nuevo MacBook Pro son perfectamente conscientes de lo extraordinariamente delicado que es el teclado de este portátil, tanto que cuando una minúscula partícula se introduce debajo de las teclas es casi imposible retirarla sin hacer pedazos el teclado en su conjunto.

Aunque el MacBook Pro lleva casi dos años en el mercado y los problemas que a todas luces está ocasionando su teclado son de sobra conocidos por la empresa de la manzana, ésta no se ha tomado la molestia de solventarlos. Y mientras tanto sus clientes se ven obligados a pagar facturas de hasta 700 dólares por reparar un ordenador cuya única ventaja parece ser un extraordinaria delgadez.

De todos modos, el MacBook Pro no es el único producto “made by Apple” que está dando problemas a los clientes de la compañía de Cupertino. También el iPhone X, que muchos tachan de extraordinariamente frágil, ha sido objeto de aceradas críticas en los últimos meses.

Apple, que alcanzó en su día la gloria gracias a productos que enarbolaban con orgullo la bandera de la simplicidad y la usabilidad, parece haber cambiado (sorprendentemente) su estrategia para fabricar gadgets fáciles de vender pero difíciles de usar.

El dispositivo que mejor parece encarnar esta nueva filosofía es sin lugar a dudas el iPhone X, que además de ser excepcionalmente delicado, es también bastante peor en cuanto a usabilidad que el iPhone original, asegura Cliff Kuang en un artículo para Fast Company.

Es más caro, más propenso a fracturase y más presto a toparse de bruces contra el suelo. Y lo es porque no ha sido revestido de los materiales adecuados en un más que evidente problema de diseño industrial.

Desprovisto de suficiente durabilidad en comparación con modelos anteriores, el iPhone X es demasiado fino para un uso diario exento mínimamente de accidentes.

Aparte de su fragilidad, el iPhone X, que está totalmente desprovisto de botones en su pantalla frontal, ha sido pertrechado de gestos un tanto torpes (y hasta extraños) para hacer cosas tan básicas como ir a la “home” del teléfono.

Apple, una compañía que se ha preciado siempre de estar obsesionada con los detalles, ha demostrado haber descuidado una amplia pléyade de particularidades a la hora de alumbrar el nuevo iPhone X. Un iPhone X que no sólo es huérfano de detalles sino también dueño de múltiples defectos de nacimiento.

La empresa de la manzana, que hace unos años era campeona en usabilidad, se ha convertido en lo últimos tiempos en campeona en batir invariablemente las expectativas de Wall Street.

Cuando Apple “parió” el iPhone,  la compañía de Cupertino encontró por fin un mercado del que adueñarse al 100% y de manera absolutamente irrebatible. Y una vez lo encontró, se repantingó sobre él con todo el peso que su fabulosa maquinaria marketera podía soportar.

Su estrategia funcionó a las mil maravillas y a día de hoy el 80% de los adolescentes prefiere el iPhone a los dispositivos con sistema operativo Android. ¿La moraleja? Que Apple no tiene en realidad ninguna necesidad imperiosa de cambiar su actual estrategia.

A la hora de enfrentarse al diseño, las empresas se enfrentan a un dilema: el de alumbrar productos nuevos con el foco puesto en la novedad (teñida de una pátina de superficialidad) o concentrarse en alumbrar productos verdaderamente mejores para el cliente. Aunque Apple se ha esforzado en sortear este dilema concentrándose tanto en lo nuevo (a secas) como en lo mejor desde el punto tecnológico, la balanza se está inclinando peligrosamente hacia lo nuevo. Y en su obsesión por lo nuevo (para vaciar los bolsillos de sus clientes con la mayor frecuencia posible) los de Cupertino han dejado en un segundo plano las ideas, asegura Kuang.

Apple, más que ninguna otra compañía, podría cambiar, no obstante, este absurdo y pernicioso paradigma. Y si reedificara su marketing sobre los cimientos de una visión más “user-centric” del mundo, Google, Samsung, LG y Huawei se verían forzados también a seguir sus pasos. Si se atreviera a dar este paso, los usuarios se lo agradecerían desde luego con creces. Pero lo cierto es que, con los números (boyantes) en la mano, la compañía de Cupertino no está obligada a ningún cambio. 

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