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Así "asa a la parrilla" Burger King a sus empleados y franquiciados

La cadena de comida rápida Burger King es famosa en todo el mundo por sus hamburguesas y sus patatas fritas. Que sus empleados y franquiciados pasan un auténtico infierno para hacer de la compañía un negocio al que las ganancias le salen literalmente por las orejas es un hecho mucho menos conocido. Sin embargo, «Gewinn ist King – Die rüden Methoden der Burger-Kette» (Las ganancias son el ‘king’ – Los rudos métodos de la cadena de hamburgueserías), un documental emitido recientemente por el cadena pública alemana ZDF, se atreve a destapar el lado más oscuro de Burger King.

El mobbing, las vejaciones y el estrés están, según este documental, a la orden del día en los aparentemente alegres restaurantes de Burger King. Y es que, aunque muchos piensen lo contrario, muchas de las personas que vemos trabajando en los restaurantes de la compañía estadounidense, no trabajan en realidad para Burger King sino para franquiciados. Unos franquiciados que utilizan el nombre y los derechos de marca de Burger King, pero que asumen en solitario todos los riesgos empresariales derivados de la apertura de las hamburgueserías. Los franquiciados alquilan los locales a inversores privados, tienen que desembolsar 40.000 euros por la apertura de sus restaurantes y cada mes deben pagar a Burger King un 5% de sus ingresos en concepto de publicidad y derechos de marca.

En octubre de 2010 la famosa cadena de hamburgueserías fue comprada por la empresa brasileña de inversión 3G Capital. Y desde entonces no corren buenos tiempos para los franquiciados. Los nuevos inversores no quieren que Burger King continúe eternamente a la sombra de MacDonald’s y por eso quieren maximizar los beneficios y hacer un completo lavado de cara a las filiales de la cadena. ¿El problema? Que quieren hacerlo a costa de sus franquiciados. Unos franquiciados, que si no cumplen con las órdenes de Burger King, pueden ser “despedidos” sin aviso previo.

Esto mismo es lo que le sucedió Willi Otto Andresen. Según explica en el documental, Andresen tenía una franquicia de Burger King en Hamburgo, pero no quiso asumir los costes derivados de la modernización del local que la compañía norteamericana quiso imponerle y fue, según sus propias palabras, puesto de patitas en la calle. “Tuve que despedir a 25 personas, fue todo muy desagradable”, explica. Y no sólo eso, además de ser despedido, Andresen salió de Burger King completamente arruinado. “Entró como un hombre acomodado y salió como un hombre pobre”, asegura Hans von Stosch, que lleva ahora la filial de Burger King que antes dirigía Andresen.

Para presionar a sus franquiciados, Burger King se vale en realidad de métodos muy simples. La cadena de hamburgueserías distribuye a todos su franquiciados un manual en el que explica detalladamente todas sus normas y las sanciones derivadas de la infracción de tales normas. Un manual que Burger King utiliza después como pretexto para desembarazarse de los franquiciados que no quieren asumir los costes derivados de la modernización de los locales.

Con la intención de que sus franquiciados sigan a rajatabla este manual, Burger King les practica numerosos controles y, si estos no los pasan, la cadena tiene vía libre para deshacerse de ellos.

Debido a la enorme presión que soportan los franquiciados, las condiciones laborales dentro de los restaurantes de Burger King distan mucho de ser idílicas. Zeifundin Kamal, un ex empleado de la cadena, asegura que el clima laboral en las nuevas franquicias de Burger King ha empeorado notablemente durante los últimos años. Kamal trabajaba en un local de Burger King que pasó después a manos de otros franquiciado y, como su salario era superior al de los nuevos empleados, su nuevo jefe no dudó en practicar con él el mobbing, asegura.

Con el objetivo de ponerle en una situación límite y forzarle a dejar su puesto de trabajo, su nuevo jefe llegó a encomendar a Kamal que se encargara de raspar los chicles que había pegados en la acera que estaba delante del restaurante. Y la estratagema pareció surtir efecto porque Kamal terminó renunciando libremente a su puesto de trabajo. “Llegué a pensar en suicidarme”, asegura.

De todos modos, Kamal no se quedó de brazos cruzados y terminó demandando a Burger King con la ayuda de su abogado Alexander Koll, que representa también a otros 50 ex empleados de la cadena de hamburgueserías. Finalmente, Kamal terminó llegando a un acuerdo extrajudicial con Burger King y retiró la demanda.

¿Es el de Kamal un caso aislado? Parece que no. En el documental vemos cómo un reportero equipado con cámara oculta habla con un franquiciado de Burger King y cómo éste reconoce que sus empleados están constantemente vigilados por cámaras y que ganan 7 euros por hora aunque por contrato deberían embolsarse 7,71 euros cada hora.

Este franquiciado confiesa además que sus empleados no pueden recibir propinas. Y no sólo eso. Si al final de mes la caja no cuadra y faltan en ella más de 15 euros, son los trabajadores los que deben pagar la diferencia con su sueldo.

El abogado de este franquiciado, dueño de otras 14 filiales de Burger King y que no sabía que estaba siendo grabado por las cámaras de ZDF, aclara de, todas formas, que las cámaras de vigilancia están colocadas única y exclusivamente en las cajas de los restaurantes, que los empleados reciben siempre el salario estipulado y que sólo se ha registrado un caso de mobbing en sus locales.

Entretanto, y a la luz de las graves acusaciones hechas desde el documental de ZDF, Burger King se ha visto obligado a salir al paso con las siguientes declaraciones de sus máximo responsable en Alemania, Andreas Bork: “Lo que hemos visto en este documental son casos aislados en los que no respetan los estándares y directrices de Burger King”. Bork subraya además que los casos en que Burger King se ha visto obligado a rescindir contratos con franquicias son mínimos y que la mayoría de sus franquiciados pagan a sus empleados los salarios previamente estipulados.

 

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