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¡Atención marcas! 6 maneras de fracasar de manera fulminantemente exitosa

¡Atención marcas! 6 maneras de fracasar de manera fulminantemente exitosaEl fracaso, que se las ingenia para infundir a algunos terror absoluto, es hermano siamés del éxito. Y por eso es imposible triunfar sin haber saboreado antes las hieles del fracaso.

Que el éxito y el fracaso son en realidad las dos caras de la misma moneda es algo que saben muy bien las marcas (o estarían por lo menos obligadas a saber).

Aunque a nadie la gusta meter la pata, lo cierto es que un traspiés gestionado adecuadamente puede ser el primer paso para conquistar grandes éxitos.

A continuación, y de la mano de Branding Strategy Insider, diseccionamos 6 formas (100% factibles) en que las marcas pueden aprovechar en su propio beneficio los fracasos (tanto grandes como pequeños):

1. Tenga siempre en cuenta el riesgo asociado a todas y cada una de sus iniciativas de marca
Está bien que las marcas arriesguen y se embarquen en territorios inexplorados hasta la fecha, pero antes se lanzarse a la aventura, están obligadas a ponderar tanto las posibilidades de éxito (que seguro que las hay) como las posibilidades de fracaso (que desafortunadamente también las hay). Antes de hincarle el diente a un proyecto (por muy bien que pinte a priori), las marcas deben tener en mente los riesgos que éste lleva aparejados para evitar varapalos inesperados.

2. Admita el fracaso con premura (pero no con excesiva premura)
Cuando el fracaso es tan flagrante que es francamente imposible obviarlo, las marcas deben asumir que se han equivocado. Sin embargo, no conviene tampoco que se precipiten a la hora de extraer conclusiones sobre el fracaso que tienen entre manos. Confrontadas con el fracaso, algunas marcas tienden a precipitarse y a atribuir sus reveses a factores externos (que ejercen de cabezas de turco). Craso error porque para extraer de verdad valiosas lecciones del fracaso, hay que observarlo desde múltiples puntos de vista (y esta tarea de observación debe hacerse en frío y no en caliente).

3. Deje que el fracaso ocurra, pero comprenda también por qué sucede
Las marcas que abrazan el fracaso y lo convierten en parte de su cultura corporativa deben estar preparadas para “casarse” con la innovación. Y para innovar hay que experimentar y colgarse de las métricas adecuadas, las que alertan a las marcas de que está gestándose verdaderamente un fracaso. La definición del fracaso es clave no sólo para contenerlo sino también para sacar tajada de él.

4. Conozca aquellas áreas donde puede fracasar
Cuando las marcas deciden arrojarse en los brazos de la experimentación (para “besar” a continuación en el peor de los casos el fracaso), las marcas deben tomarse la molestia de examinar aquellas áreas en las que los reveses pueden ponerles potencialmente en severos aprietos. En ocasiones el fracaso deriva de procesos anómalos. En otras es fruto de un cúmulo de pequeños fracasos. Antes y después del fracaso las marcas tienen el deber de explorar aquellas áreas susceptibles de provocar problemas.

5. Realice exhaustivos informes de sus fracasos
Una vez el fracaso emerge, las marcas están en la obligación de examinarlo de manera crítica, monitorizar errores y extraer conclusiones. Documentando exhaustivamente sus fracasos, las marcas podrán comprender mejor en qué aspectos son más proclives a fracasar y podrán también, por ende, mitigar riesgos.

6. Ponga vallas que impidan el paso al fracaso (allí donde sea posible)
Que el fracaso sea inevitable no quiere decir que las marcas no deban hacer todo lo que esté en su mano para minimizar los daños. Y para conseguirlo deben pertrecharse de las métricas adecuadas que les alertan de cuándo han sobrepasado ciertos límites tolerables.

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