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Así construyó Bernard Arnault el imperio del lujo LVMH

Bernard Arnault, la ambición inagotable del "depredador" del lujo

A pesar de sus 70 años de edad y de más de 40 construyendo el imperio del lujo mundial, LVMH, Bernard Arnault sigue siendo ese ambicioso empresario que aspira a ser el número uno.

bernard arnaultA lo largo de los últimos 40 años, Bernard Arnault ha transformado una vieja fábrica textil francesa en bancarrota en el mayor imperio del lujo del mundo, LVMH, que en 2018 facturó 46.800 millones de euros a través de sus más de 70 marcas entre las que se encuentran Louis Vuitton, Dior, Givenchy, Veuve Clicquot o Dom Pérignon.

Con una fortuna estimada de 100.400 millones de dólares, Arnault se ha convertido en el tercer hombre más rico del mundo, tras arrebatarle la medalla de bronce al magnate Warren Buffet, y, sin embargo, su ambición es tan abultada como su cuenta corriente.

“Todavía somos pequeños, solo estamos empezando. Somos el número uno, pero todavía podemos llegar más lejos”, cuenta en una entrevista en Financial Times el empresario que, a sus 70 años mantiene intacta su pasión por los negocios y su competitividad. “Siempre me ha gustado ser el número uno”.

Pero para llegar a serlo, el empresario comenzó trabajando en la empresa familiar de construcción en el año 1971, tras finalizar sus estudios en la École Polytechnique. Su primera incursión laboral le permitió pisar suelo norteamericano por primera vez en una visita que sería la semilla de su gran negocio.

Tras preguntarle a un taxista qué sabía sobre Francia, Arnault afirma: “No sabía quién era el presidente, pero conocía Dior”. Fue en ese momento cuando vio el potencial del lujo y, tras comprar la compañía textil Boussac, al borde de la quiebra, por un franco, el empresario comenzó a construir un imperio con Christian Dior como pilar inquebrantable.

Cinco años después había vendido todos sus activos menos Dior, una marca que su madre adoraba y que a día de hoy sigue siendo una de las joyas de su negocio.

Aunque reconoce que sus objetivos de convertirse en el grupo de lujo líder eran ambiciosos, comenzó a construir un imperio basado en una estructura que permitiese tener libertad creativa a cada marca pero con el apoyo financiero de un gran grupo detrás. “La mayor ventaja es que te permite contratar al mejor talento”, cuenta.

Pero su camino hacia el éxito no ha estado exento de controversia. Su agresividad a la hora de operar en el mercado a través de opas le ha costado la fama de “depredador” un título que a Arnault no parece importarle demasiado. “No esperas que tus competidores digan cosas buenas de ti”.

Sobre el concepto del lujo, lo considera “relativo para cada individuo” y cree que el papel de LVMH es “crear productos y experiencias que ofrezcan verdadero valor a nuestros consumidores. Lo que de verdad importa es que dentro de 10 años nuestras marcas sean tan deseadas como lo son hoy”.

La clave del éxito de la compañía ha sido ser un “first mover”, especialmente en China a donde llegó con su primera tienda Louis Vuitton en 1992, un momento en el que el país comenzaba a abrirse al mundo. Una apuesta más que acertada pues el país asiático es hoy el principal mercado para el grupo.

El futuro sigue siendo todo un misterio en un grupo en el que por el momento no se habla de relevo aunque parece que todo quedará en casa. Eso sí, apunta, a la hora de escoger sucesor, se hará “de acuerdo a sus capacidades y habilidades”.

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