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La firma italiana de sombreros Borsalino está en quiebra

Borsalino, la firma que vistió la cabeza de Bogart y otros famosos, se quita el sombrero

Borsalino, la firma que vistió la cabeza de Bogart y otros famosos, se quita el sombreroLa legendaria sombrerería italiana Borsalino, que lleva vistiendo ilustrísimas cabezas desde hace 160 años, ha quebrado. No sólo Humphrey Bogart e Ingrid Bergman portaron sobre la testa sendos sombreros Borsalino en la película Casablanca. También Harrison Ford en la saga Indiana Jones, Michael Jackson y Winston Churchill cubrieron en su día sus celebérrimas testuces con sombreros de la marca Borsalino.

Con sede en la ciudad italiana de Alessandria (al este de Turín), la empresa transalpina llevaba sumida en una profunda crisis desde hace años. Y el pasado lunes un tribunal rechazaba por segunda vez la petición de concurso preventivo de acreedores de Haeres Equita, la compañía liderada por el empresario suizo Philippe Camperio que se hizo con el control de Borsalino hace dos años y medio.

Tras este varapalo judicial los 130 empleados de Borsalino se enfrentan ahora a un futuro marcado por la incertidumbre.

El italiano Giuseppe Borsalino fundó la mítica sombrerería en 1857 y se las ingenió para convertir una pequeña y modesta compañía en una de las marcas favoritas de las estrellas.

Con su hijo Teresio al frente, en los años 20 Borsalino incrementó su producción hasta los 2 millones de sombreros al año. Hoy en día la empresa tiene en su larga nómina de clientes a celebridades como Johnny Deep, Leonardo Di Caprio, Denzel Washington, Justin Timberlake y Kate Moss. Y también a un buen puñado de judíos ortodoxos y a clérigos.

Tan icónica se ha hecho la marca Borsalino en sus 160 años de historia que hay incluso una película protagonizada por Jean-Paul Belmondo y Alain Delon que toma prestado su nombre a la firma italiana.

En vista de lo exquisito de clientela, Borsalino trabaja siempre con las mejores materias primas (piel de conejo y de castor, por ejemplo) para alumbrar sus creaciones. Sus clásicos sombreros de fieltro tienen un precio de salida de 250 euros y pueden llegar a costar más de 800 euros. En la producción de un sombrero los artesanos de Borsalino invierten alrededor de siete semanas.

Y lo cierto es que pese a los prohibitivos que resultan sus precios, hay demanda de sombreros Borsalino. “Es una situación absurda”, explica Maria Iennaco, del sindicato Cigil. “Hay trabajo, hay encargos y no podemos, por lo tanto, sino estar airados por la decisión del tribunal”, añade.

¿Qué ha sucedido entonces para que Borsalino esté hoy en quiebra? Hace algunos años saltaron a la luz informaciones sobre las dificultades económicas y las dudosas prácticas financieras del antiguo propietario de la compañía, Marco Marenco, toda una “celebridad” (en el mal sentido) en su Italia natal por su vinculación con la quiebra de la empresa alimentaria Parmalat.

Cuando el imperio de Marenco (que hizo fortuna en el sector energético y era conocido en Italia como el “rey del gas”) se vino abajo como un castillo de naipes, Borsalino se convirtió en una víctima colateral.

En 2015 Borsalino andaba a la búsqueda de inversor y finalmente la empresa Haeres Equita adquirió la firma transalpina. El año pasado Borsalino obtuvo una facturación de 17,5 millones de euros. En el capítulo referido a los beneficios la compañía guardó, en cambio, un comedido silencio a este respecto.

Sin embargo, las dudas acumuladas en el pasado por Borsalino, uno de los máximos exponentes del “Made in Italy” junto con marcas como Ferrari o Barilla, son demasiado grandes. Y los tribunales han desestimado por segunda vez la petición de concurso preventivo de acreedores de Haeres Equita, el actual propietario de la firma.

No obstante, y pese a la decisión adoptada por los tribunales, Haeres Equita ya ha anunciado que Borsalino continuará adelante con la producción. “Continuaremos buscando soluciones para salvar esta icónica marca y para proteger los intereses de los empleados, de los proveedores, de los clientes, y de la ciudad de Alessandria”, subraya Philippe Camperio, presidente de Haeres Equita.

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