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La Comisión Europea quiere poner freno al "racismo alimentario"

Bruselas quiere devorar el "racismo alimentario" de algunas marcas en Europa de Este

Desde hace algún tiempo varios países de Europa del Este (República Checa, Hungría, Polonia y Eslovaquia) llevan denunciando y gritando a los cuatro vientos el supuesto "racismo alimentario" al que les someten las grandes multinacionales de alimentación.

Checos, húngaros, polacos y eslovacos se lamentan de que en sus supermercados aterrizan productos de peor calidad que en otros países europeos (pese a ser, ironías de la vida, de idénticas marcas).

Pues bien, después de meses y meses haciendo oír sus quejas la Comisión Europea, el ejecutivo comunitario ha escuchado por fin las plegarias de los países de Europa del Este y ha decidido aprobar una serie de directrices para garantizar la aplicación correcta de la normativa europea sobre alimentos y protección del consumidor en los Veintiocho y evitar así que las grandes multinacionales comercialicen productos de calidad inferior en determinados países de la UE.

Vera Jourová, comisaria de Justicia, aseguraba ayer que hay pruebas más que fehacientes del “racismo alimentario” denunciado por República Checa, Hungría, Polonia y Eslovaquia. “Esto afecta a decenas de productos, quizás a cientos”, recalcó Jourová.

Durante una rueda de prensa celebrada este martes Jourová recalcó que la venta de productos de “menor calidad” en algunos países es una práctica “prohibida por la ley de la UE”.

"Esto no es como debe funcionar el mercado único y no queremos un mercado único con dobles estándares", señaló.

Por eso, y para atajar una situación claramente injusta (y avalada por las quejas de muchísimos consumidores), Bruselas presentó ayer una serie de directrices a fin de poner freno a las prácticas comerciales potencialmente ilícitas dentro de la UE.

Desde la Comisión Europea se insta a los productores de alimentos y bebidas que comercializan productos de calidad inferior en determinados países a que uniformicen sus estándares de calidad en toda la UE. “Renombrar la marca es la segunda mejor opción, pero no es en modo alguno lo preferible”, indicó Jourová.

En cuanto a la eventual posibilidad de que el precio de ciertos productos aumente al mismo ritmo que su calidad en Europa del Este, Jourová cree que hoy por hoy no hay pruebas de esto vaya a suponer un problema, pero “lo discutiremos” en todo caso.

“Si el precio debe aumentarse en exceso para mejorar la calidad, entonces mi recomendación a las marcas es que renombren sus productos”, dijo Jourová.

Bruselas destinará, por otra parte, un millón de euros para desarrollar a través de un centro de investigación conjunto una metodología común (que debería estar lista en el primer trimestre de 2018) para testar en laboratorio productos sospechosos de incurrir en “racismo alimentario”.

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