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Café "normalucho" a precio de oro, calorías a tutiplén y otros "trapos sucios" de Nestlé

nestléNestlé es un imperio alimentario tan desmesuradamente “monstruoso” que se cuela día sí y otro también en nuestra dieta. Y no sólo porque los adictos a su famoso chocolate se cuenten por millones en todos los rincones del planeta. Al gigante suizo de la alimentación pertenecen también marcas como Maggi, La Cocinera, Buitoni, La Lechera, Litoral, Nespresso, Nesquik o Aquarel. Marcas que todos alguna vez hemos tenido a bien meternos entre pecho y espada.

Pero, ¿son buenos de verdad los productos de Nestlé? ¿Hace honor la empresa helvética a la larga experiencia que acumula sobre sus espaldas en el competitivo universo de la alimentación?

Parece que no. Así podemos concluirlo tras echarnos a la cara la segunda parte del poco halagüeño reportaje que la televisión pública alemana ARD dedica a Nestlé en el programa Markencheck.

En el primera parte del reportaje, emitido la semana pasada, salieron a la luz unos cuantos “trapos sucios” de Nestlé (los elevados precios de sus productos, la supuesta presencia de anticongelante en su comida para perros, el vergonzoso negocio que tiene articulado la empresa helvética en torno al agua mineral y la escasa salubridad de sus platos preparados).

Pues bien, tras este auténtico “chaparrón” de críticas, en la segunda parte del reportaje de marras, emitido ayer mismo, a Nestlé vuelven a caerle “chuzos de punta”.

El primer dardo que Markencheck lanza a Nestlé tiene que ver de nuevo con sus precios, que poco o nada tienen de “ganga”. Fijémonos, por ejemplo, en el pollo con noodles de Maggi. Este plato preparado no sólo contiene apenas un 0,7% de pollo, sino que es también bastante más caro que su alternativa “fresca”. Preparar pollo con noodles con ingredientes frescos (y diez veces más carne) cuesta apenas 4 euros, un euro menos que lo que cuesta el plato preparado de Nestlé.

Los platos preparados de Nestlé son indudablemente caros, pero las que realmente se llevan la palma por sus elevadísimos (y poco justificados) precios son las famosas cápsulas de café de Nespresso. Y si no, para muestra un botón. El equivalente a un kilo de café en grano, con un precio aproximado en el mercado de 12 euros, serían 184 cápsulas de Nespresso valoradas nada más y nada menos que en 65 euros.

Pero la desmesurada inflación de precios que Nestlé practica en sus productos no termina aquí ni mucho menos. Las cápsulas de aluminio de Nespresso (que cuestan aproximadamente 35 céntimos) son el doble de caras que las de la competencia (con un precio medio de 17 céntimos). Y no sólo eso. En una cata a ciegas llevada a cabo por el equipo de Markencheck, las cápsulas de café que mejor saben a 13 de los 25 participantes en el experimento son las de la marca blanca Rewe. Nespresso y sus cápsulas de café se quedan relegados a la segunda posición, con apenas 10 votos a favor. La tercera plaza en el podio es para las cápsulas de café de Lidl, con 2 votos a favor.

Si las cápsulas de café de Nespresso no son todo lo deliciosas que su elevado precio sugiere, tampoco lo son los platos preparados de Nestlé. Los consumidores tienen meridianamente claro que los equivalentes frescos de esos platos preparados saben mucho mejor al paladar. Así lo revela al menos un experimento con comensales reales llevado cabo por Markencheck.

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Más allá de precios exageradamente altos y de sabores no del todo exquisitos, Nestlé tiene más “cadáveres” en el armario. Y uno de los “malolientes” es el relativo a la leche en polvo para bebés, que arroja desde hace muchísimos años pingües beneficios en las arcas de la multinacional suiza.

Puede que la leche en polvo para bebés haya hecho de oro Nestlé, pero no le ha librado del escándalo. En los años 70 la empresa suiza comercializó de manera masiva su leche en polvo en Asia y África. Creyendo que alimentando a sus hijos con este producto sus bebés crecerían más fuertes y más sanos, muchas madres asiáticas y africanas reemplazaron durante aquellos años la leche materna por la leche en polvo. Y lo cierto es que su decisión tuvo unas consecuencias absolutamente catastróficas.

Por aquel entonces en muchos países asiáticos y africanos no se daban (y siguen sin darse) las mínimas condiciones de higiene para preparar leche en polvo. ¿La consecuencia? Que más de un millón de niños perdieron la vida cada año durante aquella época por culpa de lo que los expertos definen como el “vergonzoso negocio de la leche en polvo” de Nestlé.

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Cuando se destapó el escándalo, que salpicó inevitablemente a la empresa suiza, la OMS se vio obligada a tomar cartas en el asunto y prohibir terminantemente la publicidad de leche en polvo para recién nacidos. Sin embargo, y pese a que Nestlé dice estar acatando estrictamente las normas de la OMS, un viaje del equipo de Markencheck a Filipinas evidencia que la leche en polvo de la marca suiza sigue teniendo muchísima presencia a día de hoy el país asiático. Al parecer, y aunque Nestlé lo niega categóricamente, representantes de la marca suiza se dejan caer a menudo por los centros de salud de Filipinas regalando leche en polvo a médicos, enfermeras y madres.

Un alto funcionario del Ministerio de Salud de Filipinas admite además ante las cámaras de Markencheck que la industria de la leche en polvo está detrás la elevada tasa de mortalidad de los niños menores de 5 años en el país asiático. Y, lo más grave, confiesa que Nestlé ha intentado sobornar en varias ocasiones a las autoridades sanitarias filipinas.

Otro capítulo en el que Nestlé sale con bastante “moratones” en Markencheck es el relativo a la salubridad de sus productos. Para poner a prueba la bondad de los platos preparados de Nestlé, el equipo de Markencheck organizó una suerte de campamento en el que seis consumidores distintos tuvieron que alimentarse única y exclusivamente de los productos del gigante suizo durante una semana completa.

Según los cálculos realizados por los expertos del programa, cada campista ingirió cada día durante el transcurso del experimento una media de 2.756 calorías y 11,6 gramos de sal.

Y claro, tantas calorías y tanta sal hicieron de todo menos bien a los campistas. Uno de los participantes en el experimento engordó 1,6 kilos, otro adelgazó y los niveles de colesterol de una de las campistas se incrementaron notablemente durante la semana que permaneció en el campamento.

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