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El consumidor ya no jura fidelidad eterna a las marcas

COVID-19: la lealtad a las marcas languidece por las múltiples "canitas al aire" del cliente

Más de la mitad de los consumidores ha implementado cambios en sus compras desde que se iniciara la pandemia: acudiendo a otras tiendas, dando el beneplácito de la duda a otras marcas y probando las marcas blancas de los retailers.

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Autor de la imagen: Timothy Greene

La crisis emanada del coronavirus ha provocado cambios de primerísima magnitud en el comportamiento del consumidor, cuya lealtad a ciertas marcas está menguando peligrosamente (al tiempo que aumenta su veleidad a la hora de arrojar productos en el carrito de la compra).

Según un reciente estudio llevado a cabo en Alemania por McKinsey, más de la mitad de los consumidores ha implementado cambios en sus compras desde que se iniciar a la pandemia: acudiendo a otras tiendas, dando el beneplácito de la duda a otras marcas y probando las marcas blancas de los retailers. Además, muchos consumidores se disponen a seguir adelante con los cambios emprendidos durante los últimos meses tras la crisis.

"Los resultados del informe confirman lo que muchos de nosotros experimentamos ya en nuestro día a día. Los efectos del COVID-19 en el comportamiento del consumidor siguen aún muy presentes. Muchos consumidores tienen previsto mantener los nuevos hábitos adquiridos en los últimos meses", constata Jesko Perrey, senior partner de McKinsey.

Es evidente que durante la pandemia el consumidor ha echado "canitas al aire" con no pocas marcas. Pero, ¿cuál es el motivo que hay parapetado tras sus actos de infidelidad? La razón con mayor peso a la hora de hincar el diente a nuevas marcas y retailers es el precio.

La pandemia ha hecho que el consumidor se arroje en los brazos de otras marcas y retailers

Por otra parte, parece que el consumidor no se muestra tan renuente como antes a la hora de aflojar el bolsillo. Si bien el consumidor planea gasta menos dinero que antes de la crisis, su ánimo a la hora de comprar está remontando poco a poco, en particular en los ramos de la restauración, los servicios, el fitness y el bienestar.

Además, el 82% de los consumidores dice estar consumiendo igual o incluso más que antes de que se declarara la pandemia. En junio este porcentaje era sensiblemente menor: de apenas un 75%.

Por otra parte, solo 19% da cuenta de haber sido víctima de una merma en sus ingresos en los últimos meses (frente al 27% de junio).

Aun así, y pese a que el optimismo se abre paso poco a poco en el alma del consumidor, éste no abandona en modo alguno la cautela. El 83% de los consumidores asume que la economía no se recuperará de las consecuencias de la pandemia durante al menos seis meses. Y el 83% espera que las restricciones en la vida cotidiana se prorroguen también un mínimo de seis meses.

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