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Cuando las zapatillas Nike aprendieron a nadar

27 de mayo de 1990. El carguero «Hans Carrier» navegaba cerca de la costa de Alaska cuando se vio sorprendido por una fuerte tormenta. Azotados por el viento, cinco de los contenedores que transportaba el carguero cayeron al mar, regalando a las aguas un insospechado «tesoro»: 61.820 zapatillas de la marca Nike.

Sin embargo, el «tesoro» no se revelaría como tal hasta 250 días después de la catástrofe. Fue entonces cuando las zapatillas engullidas por el océano comenzaron a llegar a la costa del Pacífico de Estados Unidos. Nike se convertiría  así en la involuntaria protagonista de una campaña de relaciones públicas que, por su perfección, parecía salida de la mente del más avezado de los estrategas.

Por obra y gracia de la casualidad, Nike comenzó a copar titulares en los medios de comunicación con simpáticas historias de personas que habían conseguido volver a reunir parejas de zapatillas después de varios meses de “divorcio” forzoso y de zapatillas que, pese a su larga odisea en el mar, lucían intactas.

Sin un solo dólar de inversión, esta campaña nacida del infortunio reportó a Nike tantas o más alegrías que sus acciones publicitarias más lujosas.

Además, gracias a este “derrame de zapatillas”, un grupo de oceanógrafos liderado por Curtis Ebbesmayer tuvo la oportunidad de investigar las corrientes oceánicas utilizando las zapatillas como marcadores. Y es que a veces, los aparentemente dispares caminos de la adversidad, la publicidad y la ciencia se cruzan en un mismo punto.

Gem Romero, elegido nuevo presidente de la APGAnteriorSigueinteLa publicidad en revistas se desplomó un 8% durante el cuarto trimestre de 2011

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