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Por qué el debranding es el futuro que aguarda, impaciente, a la vuelta de la esquina

debrandingA medida que la publicidad pierde impacto a pasos agigantados, las marcas están buscando, desesperadas, nuevas maneras de conectar con el consumidor. Su último intento por hacerse hueco de nuevo en el "corazoncito" del cliente es apostar por el content marketing y teñir sus contenidos de una pátina pseudoperiodística.

¿El objetivo? Enmascarar todo lo que huela a comercial y disfrazar los mensajes que las marcas tienen a bien servir al consumidor de contenido 100% periodístico.

El tan de moda marketing de contenidos presenta, sin embargo, un problema. Y es que ocultar la verdadera naturaleza de algo no sólo no es sabio sino claramente contraproducente a largo plazo. ¿Es de verdad positivo endilgar a las marcas, utilizando el contenido como subterfugio, cualidades que poco o nada tienen que ver con sus productos?

No guste o no, el branded content plantea casi tantos problemas como las (supuestas) soluciones que pone sobre la mesa.

¿Qué deben hacer entonces las marcas atrapar la escurridiza atención del consumidor? La solución podría pasar no por esconderse, como propone el content marketing, sino más bien por el debranding. O lo que es lo mismo, por poner en primer plano el producto y no tanto la marca. Se trata en definitiva de mejorar las cualidades intrínsecas del producto y dejarse de zarandajas (y de historias emparentadas de manera muy lejana con las marcas).

Apostando por el debranding las marcas ponen el epicentro en los productos (sin aditivos) y dan un respiro a la desconfianza (impenitente) que sienten los consumidores por todo lo que apesta a marketing y publicidad.

En un futuro poseído (con suerte) por el debranding los precios reflejarán el valor real de los productos, no el valor conceptual que les confiere mágicamente el branding, asegura Jasmine De Bruycker en un artículo para Creative Bloq.

El debranding que nos aguarda a la vuelta de la esquina hará posible que el foco esté puesto no tanto en los “branded products” como en los “branded places”. Y esos “branded places” serán tiendas donde las marcas renunciarán deliberadamente al packaging y la publicidad para convertir a los dependientes y dependientas en los mejores embajadores de sus productos.

En lugar de marcas, serán personas y voces reales las que ejercerán de intermediarias entre productos y consumidores, que invertirán menos en clones absolutamente intercambiables entre sí y más en productos de calidad.

Tradicionalmente el branding ha estado basado siempre en lo que diferencia a las marcas de sus rivales. Pero en la nueva era digital está todo mucho más interconectado. Y lo que distingue a las marcas es menos importante que lo que une a productos y consumidores.

La única manera de ser subversivo en los tiempos que corren (y promover de verdad del cambio) es comprar menos. Las marcas verdaderamente innovadoras serán pronto conscientes de esta realidad y se arrojarán más pronto que tarde en brazos del debranding. No necesitamos más branding. Necesitamos menos productos y que estos sean de mayor calidad.

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