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¿Echan las marcas una mano al cuello al Día de la Mujer?

¿Deslucen las marcas el Día de la Mujer con su estruendoso enjambre de campañas banales?

Los orígenes del Día Internacional de la Mujer poco o nada tienen que ver con la gruesa pátina marketera con la que está embadurnada a día de hoy esta jornada.

día de la mujer

Autora de la imagen: Ana Hard

No cabe la menor duda de que el Día Internacional de la Mujer es una jornada digna de ser celebrada. Sin embargo, teniendo en cuenta el torbellino de campañas (supuestamente bienintencionadas) que hay revoloteando en torno a este día, es casi imposible no preguntarse si tan necesaria jornada no se ha trocado en realidad en una calculada estratagema marketera para instar a las mujeres para comprar más sujetadores, más cosméticos o cualquier otro producto.

En los prolegómenos del Día Internacional de la Mujer el chaparrón de campañas con las que las marcas inundan al consumidor es extraordinariamente copioso. Ninguna marca quiere quedarse fuera. Esta jornada es un tren demasiado tentador para que las marcas se arriesguen a dejarlo escapar, asegura Brittaney Kiefer en un artículo para Campaign.

Aprovechando la celebración del Día de la Mujer, a no pocas marcas y agencias que durante el resto del año no dicen ni mu sobre la anhelada igualdad se les llena la boca hablando de las excepcionales mujeres que forman parte de su plantilla. Pero, ¿por qué esperar al 8 de marzo para poner en primer plano a las féminas? ¿No debería acaso hacerse durante el todo el año?

Puede que todo comenzara con buenas intenciones y fuera fruto del deseo (más o menos genuino) de las marcas de celebrar a las mujeres, pero lo cierto es que la gruesa pátina marketera con la que está embadurnado actualmente el Día Internacional de la Mujer está nublando el verdadero significado de esta jornada.

A día de hoy no lo parece, pero lo cierto es que el Día Internacional de la Mujer no fue inventado por las marcas. Sus orígenes son bastante más radicales y echan raíces en los movimientos obreros y socialistas de principios del siglo XX, explica Kiefer.

El primer Día Internacional de la Mujer se celebró en 1911, cuando más de un millón de personas en toda Europa salieron a las calles para reclamar más derechos para las féminas y poner punto y final a la discriminación.

Las raíces del Día Internacional de la Mujer nada tienen que ver con el fuerte tufo marketero que desprende hoy en día esta jornada

Unos cuantos días más tarde, el 25 de marzo, se declaró un incendio en la fábrica de camisas Triangle de Nueva York en el que murieron más de 140 trabajadoras (la mayoría de las cuales eran inmigrantes). Por esta razón en las subsiguientes celebraciones del Día Internacional de la Mujer se hizo muchísimo hincapié en las condiciones laborales (no precisamente halagüeñas por aquella época) de las féminas.

En 1917 durante la celebración del Día Internacional de la Mujer tuvo lugar una manifestación histórica en Rusia que llevó a miles de féminas a alzar la voz contra la guerra, la hambruna y la autocracia. Las protestas se tradujeron en la abdicación del zar y en la concesión a las mujeres del derecho provisional al voto.

Unas cuantas décadas más tarde, en 1975, Naciones Unidas convirtió el Día Internacional de la Mujer es una jornada conmemorativa de naturaleza oficial y con el foco puesto en los problemas con los que las mujeres deben lidiar en día en día (en particular en los países en vías de desarrollo).

Retrotrayéndonos a las verdaderas raíces del Día Internacional de la Mujer, esta jornada adquiere un significado bien distinto al que tiene en la actualidad. Y nos recuerda que debemos aproximarnos de manera mucho más profunda y ambiciosa a la desigualdad de género (que la sigue habiendo, también en la burbuja en la que se ha encerrado a sí misma la industria publicitaria).

El Día Internacional de la Mujer va mucho más allá de llevar un eslogan en una camiseta o comprar un producto supuestamente feminista. Esta jornada no consiste en convertir a las féminas en target (hasta cierto punto oportunista) de las marcas.

Es cierto que muchas marcas tienen realmente buenas intenciones en sus campañas dirigidas a la mujer (y su proceder no puede sino ser aplaudido). Aun así, es importante que, ante la inminencia del Día Internacional de la Mujer, éstas no caigan en la superficialidad de reducirlo todo a un gesto de naturaleza fugaz. La banalidad no tiene cabida en esta jornada, no está en su ADN y las marcas deberían tenerlo presente, concluye Kiefer.

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