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Desmaquillando al "monstruo" que se esconde detrás de las marcas de cosmética

Hace sólo unos días, Mercadona saltaba a los titulares por verse obligada a retirar del mercado once cosméticos de la marca blanca Deliplus. ¿El motivo? Que éstos tenían en su composición dos ingredientes que deben ir nunca asociados en el mismo producto. Se trata de la trietanolamina y el bronopol, cuya combinación puede producir nitrosamina, una sustancia inductora de tumores cancerígenos. Afortunadamente para los consumidores, en las cantidades que contienen los productos de Mercadona, ambas sustancias son inocuas, por lo que no entrañan ningún riesgo para la salud. No es el caso de los productos de otras marcas, que no sólo no hacen más bello al consumidor, sino que hacen que caiga gravemente enfermo. Así lo pone al menos al descubierto el documental Sin maquillaje: El sucio mundo de la cosmética, emitido recientemente por la televisión pública alemana ARD.

La industria de la cosmética promete al consumidor la eterna juventud y belleza. El mercado está cada vez más inundado de milagrosas cremas anti edad y embriagadores perfumes. Muy pocos conocen, sin embargo, al “monstruo” que se esconde detrás de este glamouroso mundo. Sin maquillaje que lo disfrace, el millonario negocio de la cosmética es en realidad un “ogro” sin escrúpulos que hace enfermar a miles de personas cada año.

Y el “horror” no sólo afecta a la cosmética tradicional, sino también a la tan en boga cosmética natural. En vista de los más que evidente lado oscuro de muchas marcas cosméticas tradicionales, cada vez más consumidores recurren a la cosmética natural, que en vista de la demanda, crece como la espuma. Pero, ¿es en realidad mejor la cosmética natural que la cosmética tradicional? No necesariamente, fundamentalmente porque muchas marcas cosméticas supuestamente naturales son tan artificiales o más que las que no presumen de naturales.

En los productos de cosmética se esconden alrededor de 8.500 componentes diferentes y muchos de ellos nos son suficientemente investigados por las marcas que recurren a ellos para la producción de sus cosméticos. ¿El resultado? Que a menudo detrás de los productos cosméticos se esconden ingredientes venenosos que producen infertilidad y pueden incluso desencadenar tumores cancerígenos.

Lo peor de todo es que la cosmética para niños tampoco se libra de ser poseída por el “monstruo”. Durante la filmación del documental, Inge Altemeier y Steffen Weber, sus autores, hallan componentes químicos venenosos en la cosmética infantil procedente de China que después podemos comprar aquí en el viejo continente.

Para rastrear más a fondo el sucio mundo de la cosmética, un mundo en el que la utilización de ingredientes perjudiciales para la salud y la falsificación de etiquetas están a la orden del día, Altemeier y Weber viajan hasta Asia. Allí descubren estupefactos cómo detrás de la producción de henna en la India se esconden múltiples casos de explotación infantil y cómo en China para la producción de barras de labios se utilizan los mismos componentes químicos que en la pintura utilizada para pintar las paredes.

Si quiere seguir desmaquillando a la industria de la cosmética, le invitamos a ver a continuación el documental de la ARD traducido al español:

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