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El lado menos "cool" de Starbucks es explorado en un documental

Un documental revela lo que Starbucks esconde bajo su deslumbrante (e hipócrita) fachada

Aunque Starbucks proclama a los cuatro vientos su integridad moral, no es oro todo lo que reluce en la famosa cadena de cafeterías. Así lo evidencia al menos el documental Starbucks Unfiltered.

starbucksEs casi imposible pasearse por una gran ciudad y no toparse de bruces con una cafetería de Starbucks. Las cifras hablan, al fin y al cabo, por sí solas. Presente en 75 países, la multinacional estadounidense tiene aproximadamente 28.000 filiales repartidas en todos los rincones del planeta.

A medio camino entre el hogar y la oficina de sus clientes (metamorfoseados en fans), Starbucks no vende tanto café un estilo de vida muy concreto y arrebatadoramente “cool”. Quienes frecuentan las cafeterías de Starbucks quieren contagiarse de alguna manera del bienestar, el aura de superioridad y el factor “cool” que desprende por todos los poros la marca originaria de Seattle.

Aunque Starbucks se vende a sí misma como una suerte de híbrido a medio camino entre el lujo y el consumo de masas, también se esfuerza sobremanera en revestir su imagen de una pátina de integridad moral.

La compañía se jacta de fomentar el cultivo sostenible de café, de dar fuelle a la igualdad de género, de prodigar un trato justo a sus empleados, de poner en manos de sus clientes productos de primerísima calidad y de hacer el mundo un lugar mucho mejor.

En vista del “buenismo” que Starbucks enarbola con tantísimo orgullo, los cineastas Gilles Bovon y Luc Hermann han querido analizar qué hay de verdad y qué hay de mentira en las fabulosas promesas de la compañía en el documental Starbucks Unifiltered, que se ha estrenado recientemente en la cadena francoalemana Arte.

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El documental, cuyo tono es eminentemente crítico, se retrotrae a los orígenes de Starbucks en los años 70, cuando el buen café era una suerte de entelequia al otro del charco y una compañía tuvo la avispada idea de convertir esa entelequia en una realidad.

En 1982 Howard Schulz se subiría a bordo de Starbucks y lo que comenzó siendo una modesta cadena de cafeterías (fuertemente vinculada a la contracultura estadounidense) se metamorfoseó en el imperio comercial que es hoy en día.

El precio que Starbucks ha tenido que pagar para convertirse en el gigante que es en la actualidad se hace más que evidente en los 90 minutos que dura el documental Starbucks Unfiltered.

Productores de café profundamente decepcionados y rivales que sufren en sus propias carnes la agresiva política comercial de Starbucks relatan ante la cámara sus experiencias con una compañía que no parece tan buena como trata de hacer ver de cara a la galería.

Sus declaraciones (que no dejan en demasiado buen lugar a Starbucks) se intercalan con entrevistas de archivo en las que el CEO de la compañía proclama a los cuatro vientos la decidida apuesta de la empresa que dirige por la calidad, la sostenibilidad y las buenas condiciones laborales.

Las imágenes de activistas medioambientales lamentándose de las auténticas montañas de basura que generan los vasos de papel no recicables de Starbucks parecen, sin embargo, contar una historia bien distinta.

Frente a la cámara tiene a bien desfilar incluso un trabajador de Starbucks que critica abiertamente a la famosa cadena de cafeterías.

Ribeteado de imágenes sumamente atractivas y hasta hipnóticas, Starbucks Unfiltered hinca el diente a toda una miríada de temas (desde el exceso de azúcar de los productos de Starbucks a las maniobras de la compañía para evadir impuestos, pasando por su nada idílica relación con los productores de café). Y los temas abordados (pese a estar orlados de bonitas imágenes que hacen definitivamente más digerible su contenido al espectador) agrietan inevitablemente la pulcra reputación de Starbucks.

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