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EL CONSUMIDOR ES CADA VEZ MÁS EXIGENTE A LA HORA DE COMPRAR

Debido a la globalización, las tendencias de los consumidores se han vuelto mucho más complejas y sus exigencias cada vez son más difíciles de cumplir, puesto que se pide que una empresa no sólo sea competitiva en precio, sino también en imagen publicitaria y medioambiental. Por si fuera poco, han surgido nuevos grupos de población más específicos dentro de los que ya existían, cada uno de ellos con características propias.

¿Cómo es posible que se hayan dado tantos cambios en tan poco tiempo? Las nuevas tecnologías han conseguido que amplios sectores de la población posean un inimaginable abanico de informaciones sobre miles de productos, lo que les hace ser más selectivos a la hora de hacer sus compras y, por ende, más personales.

Las empresas se deben de adaptar a esta creciente complejidad si quieren tener un hueco en el mercado, tal y como muestra el artículo de Ramón Forn socio director de McKinsey, y Ángel Díaz, socio de la misma, para Expansión.

Una de las fórmulas de más éxito que han usado las grandes compañías a la hora de modernizarse ha sido la de incluir al consumidor dentro del proceso de producción. Un ejemplo muy significativo es el de la marca Lego, que ha pasado de ser una empresa juguetera cerrada y con sus propios diseñadores específicos a contar con una página web en la que los clientes exponen sus ideas para mejorar los juguetes.

El problema de la complejidad en los segmentos de población
Para solucionar el problema del aumento de segmentos sociodemográficos de la población, lo primero que deben asumir las empresas es que ya no existe el público masivo comprador de productos idénticos. De hecho, los segmentos de población que antes eran minoritarios, (tercera edad, inmigrantes, jóvenes, familias monoparentales, sector homosexual, entre otros), son cada vez más activos en el mercado y reclaman de la atención de las marcas. Hay que saber adaptarse a sus gustos y contentarlos si se quiere ser verdaderamente competitivo hoy día. Además, hay que tener en cuenta que, dentro de esos hay toda una variedad de clasificaciones que hay que tomar en cuenta.

Por otro lado, la tendencia general del consumidor es la de atenerse a los extremos: o compra productos de lujo o los adquiere del tipo más económico. Por si fuera ya de por sí sorprendente, lo más chocante es que, incluso los consumidores habituales de productos de lujo ahora comienzan a adquirir productos económicos para añadir informalidad a su perfil.

Lo más importante: conocer la escala de valores del nuevo público
La cercanía, el respeto al medio ambiente, la personalización, la tecnología fácil de utilizar, el historial de la empresa que vende el producto y la imagen de la empresa, son los factores que utilizan los consumidores a la hora de decidirse por un producto de una marca u otra. Las empresas que deseen hacerse con un puesto de lujo en el mercado deberán atenerse a esas reglas.

Otro punto importante se refiere al tema de la promoción del producto. Recientes encuestas han demostrado que los consumidores se sienten hastiados del bombardeo de publicidad. Lo que las empresas deben de hacer en ese sentido es adelantarse a los competidores, generando atractivo hacia sus productos de otras maneras alternativas que no sean los simples spots televisivos o vallas publicitarias.

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