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El drama de Volkswagen en EE.UU. no es nuevo, lleva "cociéndose" desde hace mucho

volkswawagenDurante los últimos años Volkswagen ha invertido muchísimo tiempo, dinero y esfuerzo al otro lado del charco para hacer rugir los motores en el competitivo mercado automovilístico estadounidense. Sin embargo, sus “tejemanejes” para dar gato con liebre a la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA) de Estados Unidos y hacer pasar por “limpios” sus motores diésel han dinamitado por completo la imagen de la marca alemana en el país estadounidense. ¿Lo más sorprendente? Que esa imagen llevaba ya “enferma” desde hace bastante tiempo. Este es al menos el diagnóstico del instituto de investigación de mercado concept m, que lleva tomando el pulso desde hace años a la marca Volkswagen en Estados Unidos.

Pero, ¿cuál es la “enfermedad” que lleva padeciendo desde hace años Volkswagen allende los mares? El problema consiste básicamente en que en Estados Unidos la marca automovilística teutona es ni “mainstream” ni “premium”. No es ni una cosa ni la otra, está en medio y eso confunde inevitablemente al consumidor. Volkswagen tiene un conflicto consigo mismo al otro lado del charco y “no sido hasta ahora capaz de encontrar una respuesta estratégica a dicho conflicto”, recalca Dirk Ziems, socio director de concept m.

En Estados Unidos la marca Volkswagen se enfrenta además otro problema. Que desde los años 60 tiene un fantasma pegado a ella como una lapa: el fantasma de Woodstock. Hace 50 años, con sus míticos “Escarabajos” y furgonetas “hippies”, Volkswagen era la marca “anti establishment” por excelencia. Y de alguna manera lo sigue siendo. En el país norteamericano el modelo Jetta es el favorito, por ejemplo, de estudiantes con el ánimo de diferenciarse del resto, del “establishment”, en definitiva. Y el Passat, lejos de ser un coche familiar, triunfa fundamentalmente entre los arquitectos y otros profesionales liberales.

¿Otro problema que ha desgastado la imagen de Volkswagen en Estados Unidos? La compañía ha puesto todo el foco en el carácter (falsamente) “verde” de sus modelos diésel cuando lo más lógico habría sido poner el acento en los modelos híbridos, que son al fin y al cabo los que más “gancho” tienen entre los estadounidenses, subraya Ziems.

En cuanto al impacto que tendrá el escándalo de las emisiones en la marca Volkswagen en Estados Unidos, nada está muy aún muy claro. Con todo, parece que no todo está perdido. Si Volkswagen da una vuelta de tuerca a la que ha sido hasta ahora su estrategia en este país y responde de vez a las necesidades del consumidor estadounidense (no a las suyas propias), podría salir a flote después de todo y regresar por la puerta grande a Estados Unidos, asegura Ziems.

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