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El imperio de Sony se tambalea por una crisis de identidad e ideas

Sony se encuentra ante una importante crisis financiera y de identidad. Tres décadas después del lanzamiento del walkman, dispositivo que revolucionó la forma en la que la gente escuchaba música, la empresa vale una décima parte que Samsung y 37 veces menos que Apple. Ante estos datos, algunos analistas ya empiezan a augurar el final de la compañía.

Esta situación se produce como consecuencia de la dura competencia de Apple y el empuje de las grandes marcas coreanas. Casi todos sus productos tecnológicos son deficitarios o están perdiendo mercado frente a sus rivales. En 2011 perdió 456.700 millones de yenes (4.423 millones de euros), lo que hizo que sus acciones cayeran la semana pasada a mínimos de hace 32 años.

Pero la crisis más profunda no es económica, sino de identidad e ideas. Ni ingenieros ni directivos parecen encontrar el truco para volver a colocar la compañía como el referente tecnológico de ocio que era. "No veo la forma en que Sony pueda revivir" ha confirmado a 'The New York Times' Yoshiaki Sakito, un antiguo directivo de la compañía.

Esta crisis se debe a que la empresa no supo leer el futuro digital o las posibilidades de internet, ni tampoco supo meterse en el mercado de los teléfonos móviles con su recientemente rota alianza con Ericsson. A esto se le suma un fuerte yen que encarece las exportaciones y algunos imprevistos, como el tsunami del año pasado en Japón, que interrumpió su producción.

La crisis de Sony supone un golpe al orgullo de Japón, ya que sus tiendas simbolizaban la evolución y el crecimiento de un país que en tan sólo tres décadas se convirtió en la segunda economía del mundo, puesto cedido ahora a China.

Los intentos de supervivencia de la compañía pasan por hacer productos más compenetrados. Esto es lo que su nuevo presidente, Kazuo Hirai, llama One Sony, un intento de integrar la televisión, la consola, los ordenadores, los teléfonos y las tabletas.

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