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El imperio oscuro de Steve Jobs

Los programas son política y el software es poder. Las decisiones de las grandes empresas tecnológicas marcan profundamente nuestras vidas y en este sentido pueden considerarse también actos políticos ¿Acaso no es el imperio digital de Steve Jobs una especie de dictadura de la tecnología?

“Lo privado es político” fue el lema acuñado en los años 60 por el movimiento feminista para reivindicar sus derechos. Hoy en día, asegura Sascha Lobo en Spiegel, este eslogan debería mutar en “lo tecnológico es político”. Puesto que la producción de tecnología es uno de los pilares de la sociedad actual, ésta echa inevitablemente raíces en la política.

Ya en el año 1991, recuerda Lobo, el periodista del diario alemán de Die Zeit Norbert Mappes-Niediek aseguraba en un artículo que el software era poder. En los últimos años, internet no ha hecho sino amplificar ese poder.

La gran diferencia entre la sociedad analógica y la digital es que está última tiene lugar en servidores organizados de manera privada por empresas. Las compañías tecnológicas son, por lo tanto, actores políticas de suma importancia.

Con tanto poder en sus manos, no es de extrañar que algunas compañías de tecnología terminen haciendo uso perverso de tal poder. El ejemplo más paradigmático de ello es Apple, la empresa de Steve Jobs.

Ya en sus inicios, podía adivinarse que la empresa de la manzana sería uno de los actores políticos más poderosos de nuestros días. Así lo evidenciaba, por ejemplo el mítico spot de Apple “1984”, basado en la novela homónima de George Orwell. También unas palabras pronunciadas por Steve Jobs en 1994 tenían ya un claro marchamo político: “Desafortunadamente, le gente no se rebela contra Microsoft”. Por aquel entonces, la compañía de Cupertino llamaba a la rebelión contra el más fuerte. Hoy es ella la más fuerte del mercado. Sus tentáculos se extienden no sólo al ámbito del software y el hardware, sino también al del diseño, el cine y el mundo editorial.

En el meteórico ascenso de Apple tiene que ver mucho su gurú: Steve Jobs. El consejero delegado de la empresa de la manzana se mueve como pez en el agua en la arena mediática y convierte en oro todo lo que toca.

La era post-PC está dominada por Apple, que es un líder dictatorial e injusto, afirma Lobo. En la presentación del iPad 2, Jobs comparaba su App-Store (con 65.000 aplicaciones para la tableta de Apple) con la tienda de aplicaciones de Honeycomb (con apenas 100 apps). El consejero delegado de la empresa de Cupertino olvidó, sin embargo, mencionar que Honeycomb llevaba sólo unas semanas en el mercado y que el iPad tenía ya casi un año de vida. Jobs se comportó en esta ocasión como el orgulloso padre de un niño de un año que se empeña en apalear a un recién nacido.

Con sus competidores, Apple muestra un comportamiento implacable y autoritario, el mismo que despliega con sus subordinados. Los desarrolladores de aplicaciones conocen bien las “artes” de la empresa de la manzana como censora de todo tipo de contenidos.

El imperio digital de Steve Jobs, subraya Lobo en su artículo para Spiegel, es una especie de dictadura de la tecnología, en la que la seguridad común se paga con la cesión de un pedazo de la libertad. No en vano, en un intercambio de emails como un bloguero, Jobs defendía la cerrazón de su reino, asegurando que la tan manoseada por algunos libertad era sólo “libertad de pornografía”.

Apple es una compañía que se ha convertido en un gigante gracias a la “genial” visión de Jobs de crear un universo digital sencillo, seguro y agradable. Los productos de la empresa de la manzana son sin lugar a dudas lo mejores del mercado, pero su fabricante es un dictador egoísta que no sabe mirar más allá de sí mismo.

De todos modos, la arrogancia de Apple llegará algún día a su fin, vaticina Lobo. Un ejemplo de que el despotismo de Steve Jobs no es ilimitado porque hay también otros igual o más déspotas que él son las fracasadas conversaciones de la empresa de la manzana con Facebook para conectar Ping –la red social de Apple– con la omnipotente compañía de Mark Zuckerberg. Es evidente que este último dio de beber a Jobs de su propia medicina, señala Lobo.

Las dictaduras “políticas” creadas por empresas como Apple deben ser erradicadas por los que en realidad tienen en sus manos el poder político. Al fin y al cabo, la libertad en el nuevo universo digital es una reivindicación tan justa como puede serlo como el envío de cascos azules a lugares en conflicto o la paridad entre hombres y mujeres, concluye Lobo.

 

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