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El etiquetado nutricional, ¿una estrategia de marketing?

El marketing, ¿el culpable de que nos den gato por liebre en el supermercado?

La mayor conciencia sobre la alimentación saludable ha llevado a nutricionistas y asociaciones a destapar las triquiñuelas de las marcas para hacer pasar productos como sanos cuando no lo son.

carritoEspaña ocupa el segundo puesto en Europa a nivel de obesidad. Un problema que aumenta al mismo tiempo que lo hace el consumo de productos bio, light, sin gluten o ecológicos. Por lo tanto, si somos lo que comemos, parece evidente que estos alimentos no son todo lo buenos que podrían parecer por sus etiquetas.

Y eso es lo que intentan hacer ver a los consumidores movimientos como SinAzucar.org o el nutricionista Carlos Ríos a través de las redes sociales que han convertido en un altavoz para mostrar la realidad de la alimentación.

Tan solo es necesario leer las etiquetas de los productos para darnos cuenta de las “trampas” de aquellos que dicen ser más saludables.

Los lácteos por ejemplo, que dicen ser desnatados suelen contener niveles mucho más altos de azúcar, un engaño del que, para los profesionales de la alimentación, es responsable el marketing.

Desde la forma de presentar el producto y las denominaciones de los mismos influyen de manera clara en la mente del consumidor que tiende a apostar por aquellos productos fáciles y rápidos de preparar y aparentemente saludables pero que son, en realidad, ultraprocesados.

Las etiquetas “a base de” o “con” no garantizan que ese ingrediente sea el principal. De hecho, suele ser más bien al contrario. Un fiambre de pavo que solo contiene el 10% de pavo significa que el resto de ingredientes son almidones y azúcar, es decir, de todo menos lo que dice ser.

Pero no solo el marketing es el culpable de este engaño nutricional. La falta de una más estricta regulación en este sentido hace que los fabricantes hagan equilibrios para destacar lo bueno y ocultar lo malo.

Ahora parece que la tendencia empieza a cambiar, al menos, por parte de los consumidores, mucho más concienciados con lo que ingieren. También los fabricantes comienzan a dar síntomas de cambio con iniciativas como el etiquetado semáforo que tiene el objetivo de mostrar al público de una manera más clara y visual la cantidad de grasas, sal y azúcar de los alimentos. Aunque de momento, parece que su puesta en marcha va para largo.

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