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No me llames Gucci, llámame Cuggl: el

AnunciantesCuggl ha logrado "trolear" a Gucci sin consecuencias legales

Cuggl, la marca que "trolea" a Gucci de manera perfectamente legal

No me llames Gucci, llámame Cuggl: el "troleo" épico (y 100% legal) a la firma de lujo

Esther Lastra

Escrito por Esther Lastra Actualizado el

El empresario japonés Nobuaki Kurokawa registró el año pasado la marca "Cuggl" con el ánimo de parodiar a Gucci (y la ley le da la razón).

Las firmas de lujo son el blanco favorito de la piratería, que valiéndose de ardides (más o menos ingeniosos) como cambiar ligeramente el nombre o el logo de la marca falsificada alumbran productos que, vistos desde lejos al menos, consiguen dar gato por liebre a quienes posan sus ojos en ellos. A merced de la piratería está, por ejemplo, la firma italiana de lujo Gucci, cuyos bolsos y camisetas falsificados (y rebautizados para la ocasión como «Guccy» o «Cucci») se venden como churros en las calles de muchas grandes ciudades.

Sin embargo, no todas las imitaciones de Gucci están vinculadas al universo de la piratería. Hay algunas que buscan simplemente mofarse de la marca con ánimo de parodia. Es el caso de “Cuggl”. El año pasado el empresario japonés Nobuaki Kurokawa registró en la Oficina de Patentes del país del sol naciente una marca bautizada con el nombre de «Cuggl» y destinada a la comercialización de prendas de ropa.

La Oficina de Patentes de Japón no puso reparo alguno al registro de esa marca. Y ya con su visto bueno, el bueno de Kurokawa comenzó a vender online camisetas de 18 dólares donde la parte inferior del nombre «Cuggl» aparecía cubierta por un brochazo de pintura rosa. ¿El problema? Que la parte de la palabra «Cuggl» que permanecía visible era virtualmente idéntica a la de la parte superior del logotipo de Gucci.

El ardid de Kurokawa no pasó inadvertido para los abogados de Gucci, que registraron una demanda para solicitar la retirada de la marca «Cuggl» argumentando que podía llevar a confusión a los clientes de la marca transalpina y lacerar la buena reputación de la firma liderada por Marco Bizzarri.

La Oficina de Patentes no ha encontrado motivos suficientes para retirar a Nobuaki Kurokawa el derecho a utilizar la marca «Cuggl»

Sin embargo, los argumentos esgrimidos por el equipo legal fueron desdeñados por la Oficina de Patentes de Japón, que no encontró suficientes similitudes (visuales, conceptuales o fonéticas) que pudieran llevar al consumidor a comprar las camisetas de «Guggl» como consecuencia de una confusión con las prendas de Gucci.

Kurokawa tiene, por lo tanto, carta blanca para seguir vendiendo camisetas con la marca «Guggl» y se ha revelado como un auténtico maestro de la propiedad intelectual (al menos bajo los preceptos del sistema japonés de patentes).

«Se trata de una estrategia muy inteligente», subraya Alexandra J. Roberts, profesora de Derecho y Medio en la Escuela de Derecho de la Universidad Northeastern, en declaraciones a Fast Company. Así y todo, la estratagema de Kurokawa difícilmente habría funcionado, por ejemplo, en Estados Unidos.

«Hay estudios que demuestran que la gente puede leer las palabras aun cuando sea solo visible su parte superior», asevera Roberts. “Nuestro cerebro hace extrapolaciones en función de lo que ve y rellena a continuación el resto. Cuando la parte inferior del logo de ‘Cuggl’ aparece tapada, hay bastantes probabilidades de que muchos consumidores lo confundan con el mucho más conocido logotipo de Gucci, y esa malinterpretación podría llevar a una decisión de compra diferente, lo que debería ser suficiente para incurrir en una infracción de copyright», añade Roberts.

No es en todo caso la primera vez que Kurokawa logra remedar marcas famosas sin consecuencias legales. Según Financial Times, el empresario japonés ha imitado (o parodiado) con éxito los logos de marcas como Puma, adidas, Nike o Balenciaga. Lo mejor de todo es que los productos de Kurokawa se venden a precios muy asequibles que nada tienen que ver las cifras estratosféricas barajadas por las marcas a las que copia. Los productos del emprendedor nipón se mueven en una horquilla de precios de entre 15 y 30 dólares.

El ingenio con el que Kurokawa ha falsificado (de manera perfectamente legal) el logo de Gucci resulta interesante porque Alessandro Michele, el director creativo de la marca italiana, ha hecho referencia en varias ocasiones en sus colecciones a la piratería de la que es víctima sistemáticamente la firma. Y en 2017 lanzó, por ejemplo, una colección en la que podía leerse la palabra «Guccy». Quizás Kurokawa se haya inspirado en Michele y su satíricos diseños después de todo.

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