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La afición de Donald Trump por Coca-Cola Light, ¿bendición o maldición?

¿Se le escapan las burbujas (millennials) a Coca-Cola Light por culpa de Donald Trump?

Donald Trump bebe los vientos por Coca-Cola Light, un refresco al que parece jurar amor eterno. Pero, ¿hasta qué punto le viene bien ese amor a una marca que busca conectar sobre todo y ante todo con los millennials?

trumpCoca-Cola Light, el célebre refresco bajo en calorías de la multinacional homónima, ha invertido en los últimos años un buen puñado de dólares para actualizar su imagen y conectar con consumidores más jóvenes y diversos.

Los esfuerzos de la compañía contrastan, sin embargo, con los de Donald Trump, que proclama siempre que puede a los cuatro vientos su inflamado amor por Coca-Cola Light (y hace que algunos se cuestionen si esto es realmente positivo para la famosa bebida refrescante).

Trump, cuya pasión por Coca-Cola Light está perfectamente documentada, volvió a dejar claro cuál es el refresco de sus amores cuando ayer, en la comida que tuvo lugar antes de la Asamblea General de la ONU, utilizó esta bebida para realizar un brindis con otros mandatarios.

De la anécdota dio buena cuenta Carlos Barria, fotógrafo de Reuters, que publicaba en su perfil en Twitter imágenes de tan insólito brindis (realizado habitualmente con vino).

Las instantáneas de Barria dieron lógicamente mucho que hablar en las redes sociales, que se dividieron entre aquellos que se congratulaban abiertamente por el brindis no alcohólico de Trump y aquellos a los que el gesto les parecía un despropósito (ajeno al protocolo).

Si la obsesión del actual presidente de los Estados Unidos con Coca-Cola Light se contempla a través de la lente del marketing, sí parece claro, en todo caso, que ésta es potencialmente problemática para una marca que busca pegar el estirón más allá de los “baby boomers”, explica E.J. Schultz en un artículo para Ad Age.

Las marcas invierten, al fin y al cabo, muchísimo tiempo y dinero en que sus productos sean contemplados en manos de “celebrities” que conectan al 100% con su target. Y entre los jóvenes estadounidenses de entre 18 y 29 años, aquellos cuyo corazón pretende ganarse Coca-Cola Light, el índice de aprobación de Trump es de apenas un 26%, de acuerdo con un reciente informe de Gallup.

Que Coca-Cola Light tiene efectivamente los ojos puestos en los millennials es más que evidente en su última campaña, protagonizada por jóvenes actores como Gillian Jacobs, conocida por series como Community y Love, y Karan Soni, un intérprete de origen indio que participa en la exitosa saga cinematográfica Deadpool.

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Con su nueva campaña, Coca-Cola Light pretende insuflar nueva vida a sus ventas, embarrancadas desde hace tiempo al otro lado del charco.

A juicio de Tim Calkins, profesor de marketing de la Kellogg School of Management de la Universidad de Northwestern, el idilio de Trump con Coca-Cola Light “pone el foco en lo más añejo de la marca y lo coloca además en el centro de la polémica”. A la multinacional estadounidense “no le importaría probablemente que Trump comenzara a beber menos Cola-Cola Ligth o que empezara a beber ocasionalmente la variante baja en calorías de Pepsi”, subraya Calkins.

Por su parte, Kit Yarrow, una psicóloga especializada en consumo que estudia a los consumidores millennials, discrepa con Calkins y no cree que los sorbos que Trump da en público a su inseparable Coca-Cola Light sean verdaderamente nocivos para la marca. “No creo que eso dañe a la marca”, asevera. “Se trata de algo que pone de relieve en realidad la ubicuidad de Coca-Cola Light”, apostilla.

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