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Estos son los retos a los que se enfrenta el gigante de la industria alimentaria tras la fusión entre Kraft Food y Heinz

Heinz Kraft Company La semana pasada se confirmó un hecho sobre el que llevaba especulando durante meses: los grandes de la industria alimentaria Kraft Foods y Heinz se fusionaban para dar lugar al tercer grupo de alimentación más grande de Estados Unidos y quinto del mundo, solo por detrás de otros gigantes como Nestlé, Pepsico o Coca-Cola.

Detrás de esta ingente operación están 3G Capital Partners y Berkshire Hathaway, los brazos inversores de los multimillonarios Jorge Paulo Lemann y Warren Buffet, respectivamente, aunque es el segundo el que tiene más experiencia en el sector de la alimentación. Hasta 1985 fue accionista mayoritario de General Foods, donde conserva 193.000 acciones. A finales de la década de los ochenta también invirtió en Coca-Cola, donde hoy es el principal accionista con 400 millones de acciones de un valor aproximado de 15.500 millones de euros.

Años más tarde, Buffet volvió a realizar nuevas incursiones en la industria alimentaria, y en 2013 compró Heinz por 28.000 millones de dólares de la mano de Jorge Paulo Lemann y de su brazo inversor Capital 3G, un movimiento que acaban de ampliar con la reciente adquisición de Kraft Foods. Con este continuo interés en la industria, es de suponer que estos no serán los últimos movimientos del empresario estadounidense conocido como “oráculo de Omaha” y popular por tener un estilo de vida austero a pesar de su inmensa riqueza -considerado uno de las mayores inversionistas a nivel global y tercera persona más rica del mundo según la lista Forbes.

Al frente de la compañía resultante, Kraft Heinz Company, estará Bernardo Hees, actual CEO de Heinz. Los fondos de inversión de Buffet y Lemann controlarán el 51% del capital, mientras que el porcentaje restante se mantendrá en las manos de propietarios de la marca. Con esta operación han inyectado 10.000 millones de dólares en concepto de dividendo especial a razón de 16,50 dólares en efectivo por acción, y se espera que ingresen en conjunto 28.000 millones de dólares.

Este movimiento estratégico evidencia el cambio al que se enfrenta la industria alimentaria, en un contexto en el que los consumidores reclaman productos más frescos, sanos, ecológicos, orgánicos y sostenibles, y en el que las compañías deben reinventarse para adaptarse a sus exigencias y necesidades. Por lo tanto es de esperar que el amplio set de productos que se acogen bajo las marcas Kraft y Heinz (que incluye salsas, quesos, congelados, bollerías, conservas…) deberán evolucionar en esta línea, y es en este punto donde los grandes multimillonarios han visto una oportunidad.

Sin embargo, con esta operación se pone de manifiesto que la entrada de los grupos inversores en la alimentación -que buscan minimizar las pérdidas y maximizar la rentabilidad– es una constante en un sector que vive subordinado al coste de las materias primas y de la guerra de precios en distribución mientras deben evitar la pérdida de clientes, aunque es una estrategia que no siempre sale bien, como lo fue en el caso de Panrico.

Por otra parte, el grupo también deberá mejorar los resultados. Pese a que durante 2014 las ganancias de Heinz se incrementaron -aunque al mismo tiempo más de 6.000 personas perdieron su puesto en la compañía, las ventas disminuyeron un 4,6%, en parte por la caída de los congelado. Por su parte Kraft sufrió la caída tanto de las ventas como de los beneficios, lo que provocó el despido de su CEO Tony Vernon a finales de año.

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