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Fuckoffee, la cafetería a la que no dejan llamarse como le da la real e "indecente" gana

fuckoffeeEn la calle Bermondsey de Londres hay, junto con decenas de pequeñas y encantadoras tiendas, muchísimas cafeterías en las que relajarse entre compra y compra. Una de esas cafeterías es Fuckoffee, que agasaja a sus clientes con todo tipo de exquisiteces, desde una deliciosa y humeante sopa a café maridado con apetitosa leche bio. Ni que decir tiene que el nombre de la cafetería, fruto de la fusión de las palabras «fuck» y «coffee», es un juego de palabras tan evidente que, a oídos anglosajones al menos, no precisa de explicación alguna.

Sin embargo, y después de haber conseguido que los vecinos de la zona se hayan acostumbrado a su peculiar, y quizás algo díscolo nombre, Fuckoffe está actualmente en el ojo del huracán. ¿El motivo? El dueño del inmueble donde está ubicada la cafetería quiere que ésta se «divorcie» de una vez por todas de su «indecente» nombre.

En carta remitida a los propietarios de Fuckoffee, y hecha pública por estos en Twitter, el dueño del inmueble les amenaza con acciones legales que podrían ocasionar, en el peor de los casos, la rescisión del contrato de alquiler del local.

“Ningún sentido del humor, por favor. Somos británicos”, escriben con ironía los propietarios de Fuckoffe en Twitter. Tras la publicación en Twitter de la amenazante misiva de su casero, los dueños de esta cafetería londinense han encontrado muchísimos apoyos en la red de redes. De hecho, hay ya una petición online en la plataforma Change.org para apoyarles y de paso defender el sentido del humor en tierras británicas. Entre quienes apoyan a Fuckoffe y a su “descarado” nombre figura incluso Rupert Myers, redactor de GQ, que ha resumido en un tuit lo que muchos piensan sobre el “escándalo”: “Amo esta cafetería y esta gente es muy triste”.

Un concejal asegura asimismo en declaraciones a Evening Standard que Fuckoffee es una cafetería muy agradable con una atmósfera encantadora. Aun así, reconoce que varios vecinos se han quejado ya sobre su sonoro y algo insolente nombre. Uno de ellos se puso incluso en contacto con la policía. De todos modos, y pese a estos incidentes, el concejal no ve motivos para emprender acciones legales contra Fuckoffe, cuyos dueños no están además demasiado predispuestos a dar su brazo a torcer. En su momento se les propuso que quitaran la letra “k” del nombre de la cafetería y tampoco en esto se mostraron dispuestos a ceder.

¿En qué quedará todo esto? No lo sabemos. Entretanto, los dueños de Fuckoffee siguen haciendo gala en Twitter de su mordaz sentido del humor británico.

 

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