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¿Qué fue del niño filipino que hacía los deberes a la luz de los letreros de McDonald's?

mcdonaldsLa fotografía de marras era de todo menos nítida, pero aun así se las ingenió para convertirse en un fenómeno viral en todo el mundo. En junio de 2015 la estudiante Joyce Torrefranca retrataba con su teléfono móvil en la isla filipina de Cebú a un niño que, arrodillado y apoyado sobre una especie de taburete, se esforzaba por hacer sus deberes con la inestimable ayuda de los letreros luminosos de McDonald’s. Cuando Torrefranca tomó aquella foto, que colgó después en Facebook acompañada de un conmovedora frase (“I got inspired by a kid”), era ya de noche y el protagonista de la instantánea necesita de la luz emanada de un restaurante de la famosa cadena rápida para cumplir con sus obligaciones escolares.

Miles de personas compartieron la hermosa (y a la vez triste) fotografía tomada por Torrefranca y su protagonista, el pequeño Daniel Cabrera, se convirtió de la noche a la mañana en famoso en todo el mundo.

Aguijoneados por el afán de superación de Cabrera, los periodistas dieron por fin con Daniel. Por aquel entonces el niño acostumbraba a pasar la noche junto con su madre y sus hermanos en el lugar de su trabajo de su progenitora, una tienda de alimentación. La cabaña donde antaño habitaba la familia se había quemado y el padre de Daniel había fallecido en 2013.

Con su trabajo en la tienda y los ingresos extra que conseguía vendiendo cigarrillos y golosinas en la calle, Christina Espinosa, la madre de Daniel, ganaba apenas 1,50 euros al día, dinero insuficiente para pagar un alquiler y también muchas veces para proporcionar un desayuno mínimamente decente a sus hijos. “Quiero ser policía”, le contaba Daniel hace un año a los periodistas.

Muchísimas personas procedentes de todos los rincones del planeta se emocionaron con la trágica historia de Daniel y su familia e iniciaron una campaña para recaudar a fondos y ayudarles.

Gracias a esta campaña se recolectaron varios miles de dólares y una organización no gubernamental se encargó de gestionar las donaciones. “Queríamos ayudar a la familia a luchar de manera autosuficiente contra la pobreza”, explica el trabajador social Marc Palanka. Y parece que lo han conseguido porque un año después de la instantánea protagonizada por Daniel, la vida del pequeño ha cambiado notablemente (para mejor por supuesto).

La familia de Daniel reside actualmente en una vivienda con corriente eléctrica y el bueno de Daniel puede hacer cómodamente sus deberes escolares en casa, sin depender de la luz de los establecimientos de McDonald’s.

Cada mes Daniel y sus cuatro hermanos reciben por parte de la ONG que les presta ayuda dinero suficiente para comer y también para comprar material escolar. “Daniel ha mejorado muchísimo en la escuela”, asegura Palanka.

Por su parte, Christina, la madre de Daniel, que ha podido formalizar un curso de cocina, vende actualmente comida y gana bastante más dinero que antes.

Sin embargo, no sólo han mejorado notablemente las condiciones de vida de Daniel y su familia. La ONG que les presta ayuda apoya también a otros 20 escolares.

Como hace un año, Daniel quiere ser policía de mayor y las probabilidades de cumplir su sueño han aumentado ostensiblemente desde entonces. Si aprueba con buenas notas el cuarto curso en la escuela, la policía se ha comprometido a financiar su formación como agente de la ley.

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