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Las grandes marcas descubren la moda islámica y Francia se rasga las vestiduras

modaLa industria de la moda ha descubierto recientemente un grupo de público objetivo que había ignorado sistemáticamente hasta ahora: el de las mujeres musulmanas.

H&M presentaba hace poco un spot de televisión protagonizado por una modelo con pañuelo, Dolce & Gabbana presentaba en sociedad también hace no mucho una elegante colección de abayas y hijabs y Marks & Spencer se descolgaba recientemente con un «burkini», una suerte de traje de baño que cubre todo el cuerpo de la mujer que lo porta.

Sin embargo, parece que los múltiples guiños que algunas firmas de moda están haciendo a las mujeres de religión musulmana les está sentando a muchos a cuerno quemado. Es el caso de Pierre Bergé, pareja sentimental durante más de medio siglo del legendario diseñador francés Yves Saint Laurent y cofundador de la marca homónima.

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En una entrevista concedida recientemente a la cadena de televisión Europe 1, Bergé, de 85 años, tilda de “escandalosa” la denominada moda islámica, aquella que se hace para conectar de manera deliberada con las mujeres musulmanas.

“Siempre he creído que un diseñador de moda debe estar ahí para hacer que las mujeres estén más guapas y para darles libertad, no para ser cómplice de una dictadura que obliga a las mujeres a esconderse», recalca Bergé.

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A juicio del cofundador de Yves Saint Laurent, sus colegas del mundo de la moda no deberían invertir un céntimo en las colecciones de moda islámica. Y los que insisten en subirse al carro de la moda islámica contribuyen, desde su punto de vista, a la “esclavitud de la mujer”.

Bergé no es el primer peso pesado en el mundo de la moda que se ha atrevido a lanzar dardos contra la moda islámica. También la conocida diseñadora gala Agnès Troublè advertía hace poco que las colecciones de moda islámica deberían “minimizarse”.

En Francia, donde viven más mujeres musulmanas que en ningún otro país europeo, el vestuario de las féminas que profesan el Islam lleva siendo objeto de controversias desde hace bastante tiempo.

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Hace 6 años, y bajo el gobierno del conservador Nicolas Sarkozy, el país vecino prohibió el uso del burka. Y en 2004 el país galo, que siempre se ha jactado de su laicismo, vetó también el uso de pañuelos en las escuelas públicas.

Desde que Francia fuera sacudida el pasado 13 de noviembre por los gravísimos ataques terroristas de París, el debate en torno a la pareja formada por Islam y moda no ha hecho sino recrudecerse y ha terminado salpicando a los políticos.

Hace no mucho Laurence Rossignol, la ministra francesa de Familia, Infancia y Derechos de las Mujeres, montaba en cólera en una entrevista y lanzaba duras críticas contra las firmas de moda que, como Marks & Spencer, han añadido los “burkinis” a su portfolio de productos.

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Rossignol cree que estas firmas de moda pecan de “irresponsables” y las acusa de “desentenderse de su responsabilidad social y promocionar de manera deliberada el encarcelamiento del cuerpo femenino”.

Sin embargo, en la entrevista en la que Rossignol vertía estas duras declaraciones hubo palabras aún más teñidas de polémica. Cuando el entrevistador rebatió a la ministra asegurando que muchas mujeres musulmanas llevaban libremente y sin ningún tipo de coerción hijabs y abayas, Rossignol salía al paso con una respuesta de la que muy pronto tendría que arrepentirse: “También había negros americanos que estaban a favor de la esclavitud”.

Para algunos la polémica generada en torno a la moda islámica en el país vecino está, sin embargo, totalmente fuera de lugar. Es el caso de la bloguera musulmana Fateh Kimouche, que cree las colecciones de moda islámica por parte de las grandes marcas son simplemente una respuesta a una demanda “detrás de la cual no hay ningún hombre gordo y barbudo”. “Deberíamos ser quizás un poco más pragmáticos”, denuncia.

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