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Harley Davidson: cuando tu marca ya lo ha logrado todo

Harley Davidson no es sólo una marca de motos. No es una marca, es un símbolo universal bajo el que se enmarcan sentimientos y aspiraciones de moteros y no moteros de todo el mundo. Por eso pueden encontrarse casos como este cartel de un aparcamiento exclusivo para motos Harley que amenaza con "aplastar a las motos japonesas". Un cartel que probablemente no ha puesto Harley, ni nadie de su equipo, sino un fan de la marca para el que "las Harleys" no son sólo unas motos, sino parte de su estilo de vida. Y una demostración de que, cuando una marca consigue esto, ya lo ha logrado todo.

Esa es la filosofía Harley Davidson. Más allá de la mecánica, el sonido característico y la estética por la que se han definido siempre sus clientes, Harley Davidson ha puesto nombre a un estilo de vida característico. La marca ha sabido aprovechar el carácter “marginal” de los primeros grupos que se organizaron en torno a estas motos, como los Ángeles del Infierno, que dieron una imagen a la marca que, con los años, se ha consagrado como símbolo de libertad e individualidad.

El mito nació en 1903 cuando William Harley y Arthur Davidson, ambos de 20 años, construyeron su primera motocicleta en 1903, la única que se vendió ese año. En 1910 la compañía vendió ya 3.200 motos. Aunque fue con la llegada de la Primera Guerra Mundial cuando la marca recibió el gran impulso que necesitaba al vender 20.000 motocicletas a las fuerzas armadas estadounidenses, al mismo tiempo que seguía vendiendo a particulares. En la Segunda Guerra Mundial la cifra ascendió a 90.000 unidades vendidas.

En 1920 Harley Davidson ya era líder mundial en fabricación de motos hasta que llegó la amenaza japonesa, ya que los fabricantes nipones empezaron a vender motos de muy alta calidad con precios muy inferiores a los americanos. Entre 1973 y 1983 la cuota de mercado de Harley pasó del 78% al 23%, una amenaza prácticamente inasumible para cualquier marca. Pero para Harley fue el principio de su mito: la empresa estableció nuevos valores de mercado, fuera del producto, y mejoró la calidad. Así lanzó una campaña publicitaria sin precedentes que reflotó la empresa y la consolidó a través de una historia de más de cien años.

Y es que Harley ha demostrado que una marca puede ser mucho más, conectar con su público a un nivel emocional que va más allá de los productos. Harley se ha mantenido fiel a sus principios y no necesita crear experiencias ni fórmulas publicitarias originales para su target porque en sus propios productos ofrece los aspectos emocionales más intensos.

Su secreto ha sido saber generar expectativas, hacerse esperar entre el público y controlar al máximo sus lanzamientos. Porque ninguna otra compañía del mundo puede igualar la lealtad que muestran los clientes de Harley Davidson. Y es que tener una Harley significa algo más que conducir una moto. Se trata de pertenecer a un grupo exclusivo de personas que sienten devoción por una marca.

Porque no es lo mismo pagar por un producto o servicio que tatuarse el logotipo de una marca en el bíceps. Harley Davidson es el modo de vida de muchos consumidores de todo el planeta. Y cuando una marca llega a ese nivel, ya lo ha logrado todo.

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