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¡Hola Volkswagen! ¿Hay alguien ahí?

volkswagenGracias a Volkswagen (o más bien por culpa de Volkswagen), la industria automovilística y la todopoderosa marca “made in Germany” se enfrentan a un desastre de consecuencias calamitosas que, lamentablemente, no ha hecho sino salir del cascarón.

La industria automovilística y la marca “made in Germany” contemplan con horror el escándalo de las emisiones porque les toca inevitablemente la fibra. Otros a lo que también debería tocarles la fibra el “dieselgate” de Volkswagen son los publicitarios. Mentir descaradamente al consumidor y vender como “limpios” los motores de la marca alemana no es, al fin y al cabo, ningún asunto baladí. Después del escándalo de las emisiones, ¿queda de verdad alguien que todavía se sorprenda de la escasa credibilidad de la publicidad?

En vista de las “patrañas” que habitaban en muchos de los anuncios de Volkswagen, el fabricante automovilístico alemán ha optado por quitarlos de la circulación. Pero, ¿tiene de verdad sentido quitarlos de la circulación sin ofrecer a la audiencia una alternativa a cambio? ¿No sería quizás más constructivo publicar anuncios a toda página haciendo algo tan simple (pero tan difícil, al parecer, para Volkswagen) como pedir perdón?

La solución al monumental lío en que está metido Volkswagen no pasa ni mucho menos por cerrar el pico (publiciariamente hablando), sino por todo lo contrario. Lejos de callar, la marca alemana debería hablar para evitar así perder la poca credibilidad que le queda como marca, asegura Thomas Koch en un artículo para la publicación alemana W&V.

El conductor que se sienta a día de hoy a los mandos de un Volkwagen, un Audi, un Seat o Škoda se lamenta (y no se le puede culpar por ello) de que los anuncios (y no tanto los ingenieros) de estas marcas le hayan dado gato por liebre.

Puede que los artífices del engaño perpetrado por Volkswagen se sienten en los departamentos de investigación y desarrollo o de tecnología de la compañía, pero para el consumidor de a pie es el departamento de marketing y publicidad y no otro el responsable del “embuste”.

Y es precisamente por eso que el “dieselgate” no daña no sólo la credibilidad del Grupo Volkswagen, de la industria automovilística y de la marca Alemania en su conjunto sino también la credibilidad, ya de por sí castigada, de “marketeros” y publicitarios.

Si Volkswagen quiere de verdad salvar los muebles (tanto los propios como los de sus amigos los publicitarios), debería lanzar cuanto antes una campaña, un campaña con mayúsculas que eche raíces en todos los canales y que restituya, o al menos lo intente, su propia credibilidad como marca.

Esa gran campaña que Volkswagen necesita en estos momentos como agua de mayo es lamentablemente más un entelequia que otra cosa. Los responsables de marketing y publicidad de la marca alemana han preferido echarse a dormir. De hecho, es muy probable que lleven en los brazos de Morfeo desde hace años. Deseémosles bonitos sueños entonces, pero que no sorprendan después, cuando por fin despierten, de la muerte de la marca Volkswagen. De esa muerte serán responsables no sólo los ingenieros sino también los “marketeros” y los publicitarios. ¡Buenas noches, Volkswagen!

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