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Ikea: carne de caballo, bacterias coliformes y el cabreo de los usuarios en internet

Ikea: carne de caballo, bacterias coliformes y el cabreo de los usuarios en internet“Yo nunca he ido a Ikea. Viva yo”. Este comentario es sólo uno de los muchos que ha desatado un artículo de opinión publicado recientemente por El País. El Comidista, un famoso bloguero culinario, ha decidido hablar alto y claro sobre la compañía sueca y  sobre el escándalo por la carne de caballo encontrada en sus albóndigas o las bacterias coliformes detectadas en su tarta de almendras.

El artículo en cuestión, ‘Afectados por el marrón de Ikea’, ha provocado una auténtica “marejada” de comentarios sobre la marca Ikea. Tras conocer las últimas y poco halagüenas noticias sobre su comida, Ikea está comprobando en sus propias carnes cómo el mundo digital puede hacer pupa a su marca. Por lo pronto, ya muchos se niegan a volver a pedir comida en la multinacional sueca. “Aquí ha ocurrido lo de criadas y señoras… Por si acaso no vuelvo a pedir la tarta de chocolate”. Algunos expresan lo mismo pero con un toque de humor: “Y yo todo el invierno hinchándome con esas albóndigas (sí eran sabrosas, qué?). Ahora entiendo por qué mi novia me dice que mi risa ha cambiado, que se parece más al relinche de los caballos. Eso sí de postre nada (no me van) y menos mal”. O la forma de teoría sobre cómo evolucionar: “Son brownies de 11 pasos. Si a los 11 pasos no caes muerto, eres capaz de sobrevivirlo a todo, debes reproducirte en cantidad, para poblar el mundo de gente fuerte, sana y a prueba de bomba”.

Hay quienes ni siquiera entienden que alguien decida comer en una tienda de muebles y otros que no entienden tantas críticas cuando el producto, al parecer, nunca ha sido bueno. “¡Socorro! Sí, he probado las albóndigas de Ikea, y por eso me sorprende toda esta parafernalia. En mi vida he probado albóndigas peores. Que en un país como éste, donde se come bien, alguien diga que estas bolas (no merecen ni el nombre de albóndigas) son deliciosas me pone de los nervios y pienso, ¿qué comerá esta gente en su casa?”.

Muchos recuerdan que estas cosas ocurren por confiar más en los productos que vienen del extranjero y no en los productos nacionales: “Ikea: los productos chinos de Escandinavia. Consuman producto nacional y dejen de hacerse los suecos”.

De que el ambiente está caldeado no cabe duda, y menos si se leen comentarios como: “Que cierren el comedor de Ikea por mentirosos y guarrindongos”. U “Odio Ikea con todas mis fuerzas. Los muebles no son tan baratos en relación calidad precio. Y el diseño, aunque ellos se empeñen en decir que es su seña de identidad, deja bastante que desear. Y encima te los tienes que montar tú”. O éste: “La comida del Ikea llena de M… y sus muebles producidos con la tala ilegal de bosques y la explotación humana”.

Está claro que Ikea tiene una ardua tarea por delante sacar brillo de nuevo a una marca que ahora luce más bien mate. “Un negocio que sufre dos episodios como los que lleva contabilizados Ikea no debería levantar cabeza. Eso pasa en el país de origen de la marca con comida española y salimos en todos los telediarios del mundo, como con los pepinos que después no fueron, para colmo. ¡Váyanse al coli!”, exige otro de los comentarios.

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