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Se avecinan vacas flacas para la industria automovilística

A la industria automovilística se le gripa el motor por el coronavirus

Los expertos aseguran que la pandemia del coronavirus confrontará a la industria automovilística a su mayor crisis desde la Segunda Guerra Mundial.

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Autor de la imagen: Chande_Lir

Fiat, PSA (Peugeot y Citroën), Opel, Volkswagen, Audi, SEAT, Lamborghini, Mercedes-Benz, Ford y Nissan. La producción de todos estos fabricantes automovilísticos se ha paralizado en los últimos días en el viejo continente. ¿El culpable? El coronavirus.

Las cosas no pintan bien para un ramo, el automovilístico, que se precia de ser uno de los principales motores económicos de Europa.

Quienes trabajan en las cadenas de montaje de las empresas de automoción están muy expuestos a un eventual contagio, por lo que el cierre de tales plantas ha terminado convirtiéndose en un "must" absolutamente irrenunciable.

A diferencia de sus colegas del departamento de desarrollo, los trabajadores de las cadenas de montaje no pueden acogerse al "home office" y en algunas plantas de producción se han registrado ya los primeros casos de COVID-19.

El drama al que ha abocado el coronavirus a la industria automovilístico es particularmente trágico en Alemania, cuya economía está extraordinariamente a merced de este sector. No en vano, aproximadamente 827.000 personas trabajan en tierras teutonas en el ramo de la automoción, en el que están involucrados no solo los grandes fabricantes automovilísticos sino también proveedores como Continental, Bosch o Schäffler.

¿Bancarrotas a la vista en el ramo automovilístico?

Estas cifras, ya de por sí extraordinariamente abultadas, no incluyen además a las miles de personas que están a expensas de la industria automovilística en términos de logística y otros servicios (los concesionarios sin ir más lejos).

Actualmente decenas de miles de empleos penden de un hilo en la industria automovilística alemana, sobre cuyas empresas se cierne la sombra de una eventual bancarrota.

"Nos enfrentamos a la mayor crisis en la industria automovilística desde la Segunda Guerra Mundial", asegura Ferdinand Dudenhöffer, experto de la Universidad de St. Gallen, en declaraciones a Die Zeit.

Y el mayor problema no es la interrupción en la producción, que con un poco de suerte se prolongará solo durante unas cuantas semanas o unos pocos meses.

La crisis en las ventas espoleada por la pandemia del coronavirus es aún más importante. En la crisis financiera de 2008-2009 solo se colapsó el mercado automovilístico en Estados Unidos, cuyo gobierno tuvo que salir al rescate de General Motors y Chrysler. Actualmente los afectados son tres mercados diferentes: el chino, el europeo y el estadounidense.

En 2009 la industria automovilística germana se recuperó echando mano de jornadas laborales reducidas (algo en lo que estuvieron de acuerdo tanto los políticos como los sindicatos). En 2020 la reducción de las jornadas laboradas durante un periodo de hasta 48 meses podrían ayudar de nuevo a mitigar los problemas de las empresas de automoción. De hecho, Volkswagen se dispone ya a hacer uso de esta medida y el ejemplo de esta compañía será probablemente seguido por otras.

La crisis será bastante más grave que la de 2008-2009

Sin embargo, la situación está actualmente bastante más preñada de dificultades que en 2020. La industria automovilística está inmersa hoy por hoy en un complejo proceso de transformación con el foco puesto en la electromovilidad, y si ese proceso no se lleva a cabo adecuadamente, podrían estar en peligro a medio plazo entre 80.000 y 400.000 puestos de trabajo solo en Alemania.

Dudenhöffer pronostica que, de acuerdo con los cálculos más optimistas, este año se venderán en Europa casi 1,6 millones de vehículos menos. Y de los más que posibles efectos adversos del coronavirus no se librará nadie, tampoco gigantes de la talla de Daimler, BMW y Volkswagen.

Además, Dudenhöffer teme que la reducción de las jornadas laborales podría ser no suficiente a largo plazo para afrontar de la crisis, que se traducirá de manera casi inevitable en despidos amparados en razones de índole operativa.

Herbert Diess, CEO de Volkswagen, se muestra algo más optimista, pero aun así enfatiza que 2020 va a ser indudablemente un año complicado. "La pandemia del coronavirus nos confronta con desafíos operacionales y financieros sin precedentes", admite Diess, que apela a la cooperación y a la moral alta dentro del grupo para plantar cara a la crisis.

Si la crisis se dilata más allá de tres meses, los daños para la industria automovilística podrían ser irreparables. No en vano, Dudenhöffer anticipa ya que las ventas de coches en Europa no se recuperarán plenamente hasta el año 2030.

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