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Intereses, entramados fiscales y amenazas: diseccionamos la guerra entre Apple y Europa

appleLa Comisión Europea (CE) daba a conocer el pasado lunes 30 de agosto la que se ha convertido ya en la mayor sanción económica impuesta a una empresa en el viejo continente. Hablamos de la noticia que ha marcado la recta final del verano: la multa de 13.000 millones de euros impuesta a Apple.

La CE establece la astronómica cantidad en concepto de impuestos no pagados y ventajas fiscales de los que la compañía de la manzana se habría beneficiado en Irlanda. Las reacciones no se han hecho esperar por ambas partes.

Michael Noonan, ministro de Finanzas irlandés ha mostrado su "profundo desacuerdo", con las autoridades europeas dejando claro que recurrirán la sentencia con el objetivo de "defender la integridad de nuestro sistema de impuestos", así como “proporcionar certidumbre fiscal a las empresas y desafiar la invasión de las normas sobre ayudas estatales de la Unión Europea (UE) de la competencia sobre impuestos de los Estados miembros”.

Apple sigue la misma línea mostrando su pesar a través de un comunicado emitido por el propio Tim Cook. “Nunca pedimos y nunca recibimos ningún tipo de tratamiento especial”, alega el CEO que señala que en el fondo este caso no se centra tanto en cuánto dinero paga Apple sino en el gobierno que recauda ese dinero. La polémica está servida.

¿Un duro golpe para Apple?

Lo cierto es que 13.000 millones de euros es una cantidad bastante importante para la gran mayoría de las empresas. No en el caso del gigante tecnológico. La multa impuesta por Bruselas representa alrededor del 6% de la caja que guardan bajo llave los creadores del iPhone (205.000 millones de euros). Calderilla según muchas de las voces que aplauden la decisión de la CE.

Lo más preocupante ha sido uno de los puntos de la misiva con la Apple ha mostrado su absoluto desacuerdo con la decisión de las autoridades europeas. "El efecto más profundo y dañino de esta sanción será sobre la inversión y la creación de empleo en Europa". ¿Estamos ante una amenaza contra el viejo continente?

Una pregunta para la que tenemos que retroceder algunos años si queremos comprender su respuesta. Apple dio sus primeros pasos en Europa en 1980 estableciéndose en la ciudad irlandesa de Cork, marcada por el desempleo y la depresión económica.

Un total de 60 empleados formaron parte del primer equipo de Apple en el viejo continente. A día de hoy, la cifra asciende a las 6.000 personas lo que se traduce en casi el 30% de la plantilla de la compañía en suelo europeo (22.000 empleados de los 110.000 con los que cuenta a nivel global).

Apple y el Gobierno de Irlanda vieron un negocio redondo en su relación. El primero pagaba pocos impuestos (recordemos las dos exenciones fiscales de 1991 y 2007, tal y como señalan desde El Confidencial) e Irlanda ganaba empleos y prosperidad económica atrayendo la atención sobre grandes compañías de las que más adelante hablaremos en este artículo.

Los datos hablan por sí solos. La CE alega que Irlanda ofreció a la compañía de la manzana exenciones consideradas como ilegales llegando a pagar solo un 1% de sus beneficios europeos durante el ejercicio fiscal de 2013, reduciéndose el porcentaje a un ridículo 0,005% en 2014.

En resumen: el trato de favor del gobierno irlandés habría permitido a Apple la creación de una estructura de sociedades a través de la que prácticamente tributaba en Irlanda la recaudación en todos los países europeos. Dinero que, según informan desde la citada cabecera, acababa en Estados Unidos (EE.UU.) como medio de financiación para el I+D de la empresa.

Aunque pueda sonar como un entramado demasiado complicado (e incluso turbio), lo cierto es que Apple responde a la UE que ha actuado acorde con la legislación fiscal de Irlanda así como con la normativa internacional. Parece que la pelota queda ahora en el tejado de Irlanda.

La respuesta de Irlanda

“Nuestro sistema fiscal se sostiene sobre un estricto cumplimiento de la ley tal y como la fija el Parlamento, sin ninguna excepción. La decisión no me deja otra opción que buscar el apoyo del Consejo de Ministros para apelar ante los tribunales de Justicia europeos”, declaraba Noonan.

“La Comisión Europea ha puesto en marcha un esfuerzo para volver a escribir la historia de Apple en Europa, ignorar las leyes fiscales de Irlanda y poner de cabeza el sistema tributario internacional. El caso de la Comisión no se trata de cuánto paga Apple en impuestos, se trata de qué Gobierno recauda el dinero”, asegura el ministro de Finanzas, pronosticando que la decisión de Bruselas tendrá un “efecto nocivo en la inversión y la creación de empleo en Europa”. Curiosamente la misma opinión de Tim Cook y compañía.

¿Cuestión de competencia o debate fiscal?

La dicotomía y las dobles intenciones están sobre la mesa en una partida en la que todas las partes tienen algo que perder. Si nos ajustamos a la teoría, la decisión de la CE se basa en una clara cuestión de Competencia pero hay que ir más allá: la disputa entre EE.UU. y la UE en materia comercial.

Desde el otro lado del Atlántico se recrimina a Europa que se está realizando una especie de caza de brujas contra sus empresas ante la imposibilidad de crecimiento de las nacidas en el viejo continente. Acusación a la que debemos sumar que uno de los principales objetivos de la CE es que las compañías tributen en los lugares en los que desarrollen su actividad y no mover la base imponible y, los beneficios entre los distintos países con la vista puesta en reducir la factura, según recalcan desde el diario El Mundo.

Apple no sería el único blanco de la CE

Bruselas, con la comisaria de Competencia Magrethe Vestager a la cabeza, parece estar dispuesta a poner fin a las ventajas fiscales de las grandes empresas en suelo europeo.

Apple ha sido el primer blanco en la diana pero no podemos obviar que muchos de los gigantes tanto dentro como fuera del sector tecnológico, no quedan fuera del ojo de Competencia.

Tal y como recogen desde El Confidencial empresas como Amazon, Starbucks, Fiat e incluso McDonald’s recurren a técnicas similares a las empleadas por Apple para pagar menos impuestos. Lo más curioso de todo es que actúan dentro de la legalidad.

Holanda, Luxemburgo o Suiza se convierten en sede de complejos entramados societarios para reducir la factura final que se debe abonar al fisco para empresas como Twitter, Google, Facebook, Yahoo! o Microsoft, que pagan en España menos de lo que les hubiese correspondido.

¿Hacia dónde nos dirigimos?

La CE lo tiene muy claro: los privilegios no han sido para Irlanda sino que para Apple. Ahora estamos en el punto de partida de un proceso que podría tenernos pendiente de los tribunales durante años. Pero lo importante es el efecto que puede generar incluso antes de llegar a una resolución inamovible.

Bruselas quiere que el resto de multinacionales como las citadas anteriormente tomen nota y cierren el grifo reduciendo o eliminando este tipo de prácticas. En caso de no darse por aludidas, todo indica a que ese barbero en el que ahora parece haberse convertido la CE le recortará gustosamente sus cada vez más hirsutas barbas.

La otra opción es que los que hayan visto las orejas al lobo sean los propios gobiernos que permiten este tipo de prácticas en detrimento de sus socios europeos y, decidan cambiar sus legislaciones. Algo poco probable…

Ahora solo queda esperar ante un Apple que no ha dudado en amenazar a Europa y una CE que no está dispuesta a seguir viendo como los grandes se llevan unos cada vez más suculentos impuestos que deberían ser disfrutados entre cada uno de los socios europeos en los que se producen.

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