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Por qué el francés es la lengua materna de la industria del lujo

El "je ne se quoi" del lujo o por qué las firmas francesas dominan este mercado

Esther Lastra

Escrito por Esther Lastra Actualizado el

El próspero mercado del lujo está dominado por firmas de origen francés como LVMH, Hermès, Dior, EssilorLuxottica y Kering.

Coco Chanel describió en una ocasión el lujo como «una necesidad que empieza donde termina la necesidad». La legendaria fundadora de la «maison» francesa se sacó de la chistera aquella grandilocuente frase para tratar de hacer entender a los economistas de vieja escuela la razón (a bote pronto inexplicable) por la que alguna gente está dispuesta a pagar 3.000 euros por un bolso que podrían perfectamente adquirir por 30 euros.

En el lujo, como sabía la buena de Coco Chanel, se da cita una curiosa mixtura fuertemente arraigada en el alma humana: quien se arroja en los brazos de las marcas premium lo hace simultáneamente porque puede y para sentirse bien.

Aunque solo uno pocos pueden lógicamente zambullirse en las beatíficas aguas del lujo, este mercado marcha viento en popa a toda vela. Y tras sufrir un prolapso del 20% en 2020 como consecuencia del COVID-19, se recuperó rápidamente al año siguiente pegando un brinco del 36% hasta los 1,5 billones de dólares, de acuerdo con los datos manejados por la consultora Bain & Company.

El lucrativo mercado del lujo ha pegado notablemente el estirón en el transcurso de la última década y lo ha hecho espoleado en buena media por China, donde la renta per cápita se ha multiplicado, no en vano, por diez en apenas dos décadas (amplificando, por ende, hasta el infinito y más allá las clases medias y las clases altas que tienen la billetera lo suficientemente abultada como para hincar el diente a las marcas premium).

Francia, un exuberante vergel empresarial en el ramo del lujo

Algunos expertos presagian, de hecho, que China podría aglutinar el 40% del mercado global del lujo en 2030. Y puede que sea el gigante asiático el país que más esté contribuyendo al crecimiento del lujo, pero esta industria prospera sobre todo y ante todo al abrigo de empresas oriundas de Francia, que es definitivamente la nación más pródiga en marcas premium (de dimensiones planetarias) por metro cuadrado.

LVMH, Hermès, Dior, EssilorLuxottica y Kering (que tienen todas en común su origen galo) tienen un valor combinado de capitalización de mercado de más de un billón de dólares y acaparan más del 80% del valor total de las 20 empresas de lujo más grandes del mundo que cotizan en bolsa, según datos de Companiesmarketcap.com recogidos por Chartr.

En los mercados bursátiles a las empresas francesas adscritas al mercado del lujo les va a la mil maravillas. Los títulos de LVMH han pegado en los últimos meses un brinco del 52%, mientras que las acciones de Kering, EssilorLuxottica y Hermès se han disparado un 18%, un 15% y un 84% respectivamente en los mercados bursátiles.

Gracias a la próspera industria del lujo del país vecino Euronext Paris es actualmente el mercado de valores más grande de todo el viejo continente, por delante de la no menos opulenta bolsa de Londres.

El mercado francés del lujo carga con una larga historia sobre sus hombros que se remonta a la Edad Media, cuando emergió una floreciente industria zapatera en el país vecino. Sin embargo, fue la corte del rey Luis XIV la que forjó definitivamente el advenimiento de la «haute couture» que hoy todos conocemos.

Durante el largo reinado de Luis XIV prosperaron en tierras francesas la industria textil y el ramo de la joyería, que insistieron siempre en utilizar materiales «made in France».

Los orígenes de la floreciente industria del lujo en Francia

En los siglos XVII y XVIII Francia comenzó fabricar espejos de alta gama, que eran el epítome de la opulencia en aquella época, pero no fue hasta después de la revolución francesa de 1830, coincidiendo con el auge de la clase media, cuando comenzaron a emerger nombres de empresas ya perfectamente reconocibles a día de hoy en el universo del lujo. Hermès vio la luz en 1837, mientras que Cartier salió del cascarón en 1847 y Louis Vuitton nació en 1854.

Desde entonces la industria francesa del lujo ha echado cuantiosos brotes verdes hasta convertirse en un exuberante vergel. Un estudio publicado en 2012 concluyó, no en vano, que 130 de las 270 principales firmas de lujo eran originarias de Francia y acumulaban una cuarta parte de las ventas en este mercado.

Sin ir más lejos Hermès, célebre por sus chales de seda y sus icónicos bolsos Birkin, tiene actualmente un valor de mercado de 209.000 millones de euros, que es casi 20 veces el valor de Renault y casi 10 veces el valor de Michelin.

Pero incluso tan ciclópeas cifras palidecen con las del verdadero gigante francés del lujo, LVMH, cuyo CEO Bernard Arnault tiene, no en vano, la vitola de ser la persona más rica del mundo y es conocido con el sobrenombre de «lobo del cashmere».

Nacida en 1987 tras la fusión de Louis Vuitton y Moët Hennessy y LVMH ha crecido desorbitadamente desde entonces absorbiendo decenas de marcas de lujo y levantando los cimientos de un auténtico titán.

LVMH cuenta en su porfolio con 75 marcas, entre las cuales destacan firmas con Givenchy, Marc Jacobs, Fendi, Hublot, TAG Heuer y Tiffany & Co. Y ese porfolio, ya de por sí amplísimo, podría adquirir hechuras aún más grandes gracias al empeño de Arnault, que en los últimos años ha incursionado incluso en la industria del turismo del lujo.

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