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LA ESENCIA DEL MERCADO CHINO

No hay duda de que la ingente cantidad de población que forma el mercado chino es una jugosa oportunidad de venta para las empresas internacionales. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce, puesto que no todos los habitantes del gigante asiático son susceptibles de verse atraídos por las grandes empresas extranjeras, tal y como señala Ivana Casaburi, en su reportaje para Expansión.

Lo primero que hay que hacer para dirigirse a este mercado potencial es distinguir entre los chinos que viven en las zonas rurales, los cuales viven en el límite de la pobreza y no pueden siquiera pensar en comprar nada que provenga de marcas internacionales, y los chinos que viven en las ciudades, los cuales se pueden, a su vez, dividir entre los que viven en las medianas y pequeñas poblaciones urbanas, cuyo consumo va derivando hacia la compra más alejada de la subsistencia, y los que habitan las grandes urbes, que son los que tienen tendencias de consumo más parecidas a las occidentales.

Una estrategia clave para poder aprovecharse del potencial del mercado chino es entender su cultura con lo que hay que comprender la complejidad de la población metropolitana. Incluso dentro del segmento de población que vive en las grandes urbes existen fuertes diferencias entre unos grupos y otros.

Primeramente encontramos una clase trabajadora cuyo principio básico para el consumo es el precio de sus adquisiciones. Son personas muy apegadas al sentimiento nacional, con lo que suelen comprar productos chinos.

Por otra parte, existe un segundo grupo, formado por los que allí se denominan "cuellos blancos", es decir, licenciados, universitarios o empleados directivos de nivel básico. Tienen un gran afán de consumo, orientado básicamente en la búsqueda del reconocimiento social, con lo que suelen ser sensibles tanto a las marcas chinas de calidad como a las enseñas extranjeras orientadas a la diferenciación.

Por último está el grupo con más poder adquisitivo, compuesto por los yuppies y los aristócratas. Son los directivos de primer nivel, directores generales, celebridades y personajes públicos. Su consumo se orienta hacia la demostración de sus logros personales y patrimoniales, con lo que son los más proclives a adquirir marcas internacionales. De hecho, entre la población china se les conoce como "bananas amarillas", amarillos por fuera pero blancos por dentro.

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