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Las empresas familiares, ¿expertas en hacerse el "harakiri" con sus eternas disputas?

empresas-familiaresPeleas hay hasta en las mejores familias. Esto no tendría a priori nada de malo (o sería sólo malo a medias) si las familias en cuestión no fueran propietarias de gigantescas fortunas en forma de empresas.

En las empresas familiares el mayor desafío no está en hincarle el diente a las nuevas tecnologías ni tampoco en plantar cara a la competencia sino más bien en mantener la paz entre familiares que están a menudo de todo menos bien avenidos.

“Dentro de una familia hay en ocasiones diferentes ideas sobre lo que es justo y lo que no y eso puede colisionar con los desafíos empresariales”, explica Arist von Schlippe, del Instituto Wittener de Empresas Familiares, en declaraciones a Die Zeit.

“Sentirse tratado injustamente es uno de los principales desencadenantes de conflicto en las empresas familiares. Y cuando más grande es la familia, mayor es el riesgo de conflicto”, señala von Schlippe.

Ejemplos de empresas víctimas de las rencillas familiares hay desgraciadamente muchos. Es el caso, por ejemplo, de la cadena alemana de supermercados Aldi. Desde que Theo Albrecht, el fundador de este emporio, falleciera en 2010 a los 88 años, sus herederos viven permanentemente a la gresca.

Theo Albrecht junior recrimina a su cuñada Babette, viuda de su hermano Berthold, fallecido en 2012, que está dilapidando la fortuna familiar. Y él y su madre Cilly están decididos a expulsar a Babette y sus cinco hijos del negocio familiar.

Otra empresa familiar en la que sus dueños parecen empeñados en tirarse de los pelos es Dr Oetker. Cuando Rudolf-August Oetker, el fundador de esta compañía, pasó a mejor vida en 2007 dejó tras de sí no sólo un auténtico imperio de las pizzas congeladas y los preparados para tartas sino también una grandísima familia de ocho hijos procedentes de dos matrimonios.

Esos ochos vástagos intentan (sin éxito) desde hace unos cuantos años dar respuesta a una pregunta: la de si la dirección de Dr Oetker debe estar en mano de un miembro de la familia o de alguien ajeno a la empresa. Mientras los hijos de Rudolf-August Oetker meditan sobre la respuesta a una pregunta aparentemente sencilla (pero peliaguda en realidad), Dr Oetker es desde hace años una empresa huérfana de estrategias incapaz de pronunciarse sobre la fusión de una de sus divisiones con Hapag-Lloyd (y también sobre muchas otras importantes cuestiones).

“La mayor ventaja de una empresa familiar es al mismo tiempo su mayor desventaja: la propia familia”, indica von Schlippe. En época de vacas gordas la familia permanece unida, pero cuando a esas vacas les da por adelgazar, la unión se convierte habitualmente en desunión (y en pelea).

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