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Las imitaciones chinas prueban el valor de marca

Todos hemos visto alguna imitación china de productos más que reconocidos. El rango de copias va desde simples productos hasta tiendas enteras, como es el caso de Apple. Pero, a pesar de ser acciones cuestionables, lo cierto es que sirven para demostrar que a veces, lo único que hace falta para ganar dinero, es aprovechar un valor de marca ya existente.

En China, los imitadores son conocidos como Shanzai. Un término que históricamente se refiere a una fortaleza en una montaña y que se utilizaba como metáfora para describir a los bandidos que se escapaban de las autoridades corruptas para llevar a cabo acciones que entendían como justificadas. Ahora, el término se utiliza para hablar de los fabricantes que copian productos existentes y tratan de evadir los impuestos y las leyes.

Según ha explicado Nigel Hollis en Millward Brown, muchos chinos sienten una especie de orgullo al ver una copia barata de un producto occidental, y consideran que refleja perfectamente la ingenuidad y la riqueza de recursos del pueblo chino. Y lo cierto es que, si puedes comprar algo que tiene el mismo aspecto que el producto real, pero con más características y con un precio más bajo, ¿por qué no? Y ese planteamiento lleva a que los shanzai sean más respetados que injuriados.

Aunque, como ha explicado Hollis, no hace falta necesariamente copiar el producto, sino que lo único que hay que hacer es ofrecer su valor de marca, y las compañías chinas se han convertido en unas auténticas expertas en este sentido, llegando a crear imitaciones realmente creíbles.

Algo que deberían tener muy en cuenta muchas compañías chinas que están intentando, sin mucho éxito, entrar en el mercado occidental. Y es que no hay que olvidar que sin una familiaridad inicial con la marca y lo que significa, los consumidores occidentales sienten en muchas ocasiones recelo hacia cualquier marca china. Incluso cuando el producto les ofrece justo lo que necesitan, lo que les preocupará es su calidad y la confianza que pueden poner en él. Por ello, a falta de un reconocimiento de la marca, o bien es el producto el que habla por sí mismo, o bien lo hace el precio.

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