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L.L. Bean deja de ofrecer su garantía de por vida

Las malas artes de internet que obligaron a L.L. Bean a retirar su histórica garantía de por vida

L.L. Bean debe dar marcha atrás y acabar con cien años de historia de su garantía de por vida por culpa del "pillaje" del ecosistema digital.

L.L. BeanLa marca L.L. Bean, con sede en la localidad estadounidense de Freeport, en el estado de Maine, siempre se ha caracterizado por ofrecer a sus consumidores la máxima honestidad que puede una marca ofrecer: una garantía de por vida. Ahora, han tenido que retirar una palabra de honor que habían mantenido durante cien años. Todo por culpa de internet y sus pegajosas malas prácticas.

Como cuenta Víctor Sánchez del Real en un hilo a través de Twitter, a principios del siglo XX L.L. Bean consiguió inventar unas botas perfectas para internarse en el bosque (a pesar de su estética más que dudosa). Un calzado que se convirtió en el estándar para Nueva Inglaterra y que se acompañó de algo que sería esencial para el futuro de la compañía: la garantía de por vida.

Es decir, cualquier consumidor podía devolver, en cualquier momento, sus botas viejas. Una garantía que no se situaba en el producto, sino en la satisfacción del cliente. “Había una condición esencial. Ellos daban su palabra. Pero tú tenías que dar la tuya“, comenta Víctor Sánchez del Real en el citado hilo.

Es decir, acudir a los establecimientos a decir ante las trabajadoras de L.L. Bean (normalmente señoras de edad avanzada) que el producto ya no se correspondía con las expectativas puestas en él. A cambio de la honestidad del consumidor, que realmente ya no estaba satisfecho, las empleadas ofrecían un vale para comprar el mismo producto actual. Sin ninguna pregunta más.

Con la introducción de la marca en las ventas por catálogo, se exigía que la devolución incluyera una carta manuscrita y firmada de puño y letra como muestra de insatisfacción. “La gente no mentía. O al menos no lo hacía mucho. Además, los costes de enviar una prenda a Maine y tener que redactar una carta mintiendo era barrera más que suficiente para mantener estas devoluciones en niveles razonables”, explica Sánchez del Real.

Pero la proliferación de internet y del anonimato que conlleva han cambiado este panorama. La picaresca se digitaliza y ya no es rentable para una compañía mantener este tipo de garantía. Por ello, L.L. Bean ha tomado la amarga decisión de limitar la garantía a un año, salvo que el producto salga malo. Una decisión que es bastante ejemplificativa y obliga a reflexionar sobre la pérdida de honestidad que el mundo actual está provocando.

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