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Las marcas apuestan por el "amor" en un mundo lleno de tensiones y odio

amorEl amor siempre se ha mantenido como uno de los recursos más utilizados por las marcas pero hemos llegado a un punto en el que el amor es algo más que una buena experiencia, se ha convertido en una forma de vida.

Visto desde fuera se podría pensar que el hecho de utilizar el amor para intentar vendernos un determinado producto o servicio no es más que un truco pero lo cierto es que con el nivel creciente de odio y tensión que existe en el mundo, quizás un poco de amor sea lo que necesitamos.

Un ejemplo de este pensamiento es Deborah Wahl, CMO de McDonald’s en EEUU que afirmaba recientemente que desde su empresa creen que “un poco de lovin’ puede cambiar mucho el mundo en el que vivimos”. Y este es sólo un ejemplo de las muchas marcas que piensan de la misma forma.

Desde el atentado sufrido por el semanario francés Charlie Hebdo cometido por terroristas de Al-Qaeda, los medios de comunicación han convertido el tema del terrorismo en una constante informativa ante la situación de temor que generan las amenazas de estos grupos terroristas.

Su mensaje de alarmismo, intolerancia e incitación a la violencia se ha convertido en una tónica para reclutar nuevos adeptos tal y como señala el columnista de The New York Times, Thomas Friedman.

Una campaña de marketing basada en el terror y la intolerancia en la que la religión no es la causa sino la herramienta perfecta para el reclutamiento y continuar enriqueciéndose que ha llevado a muchos gobiernos a mostrarse temerosos con sus acciones de respuesta ante la posibilidad de que puedan ser acusados de islamofobia.

Lo cierto es que esto nos muestra que grupos como Al-Qaeda o el Estado Islámico han conseguido hacer de ellos mismos sus mejores campañas de marketing y publicidad y han aprendido a comercializar su nefasta marca.

Ante esta situación, ¿podría una campaña basada en el amor y la tolerancia poner fin, o al menos aliviar las tensiones existentes en el mundo? Los gobiernos y autoridades dejan claro que todos aquellos que decidan seguir los pasos y dictámenes de estos grupos terroristas no tendrán ningún futuro pero el problema reside en que la gran mayoría de estos debido a los programas de propaganda creen que no hay mejor alternativa que esta.

Al-Qaeda y el Estado Islámico pugnan por conseguir cada vez más reclutas por lo que sus campañas para dar visibilidad a sus actos son cada vez más crueles y terroríficas. Lo cierto es que ante este panorama de tensión y miedo que se ha establecido a nivel global, los anunciantes y sus campañas poco pueden hacer por mucho empeño que pongan en difundir mensajes basados en el amor, la tolerancia y el optimismo ya que los terroristas se mueven por una fe ciega que sigue la única voz de sus líderes.

Pero esto no quiere decir que deban dejar de intentar transmitir esos buenos mensajes. Precisamente ante esta represión, miedo y amenazas lanzados desde la base de la intolerancia, el odio y el más absoluto fanatismo, las marcas deben continuar lanzando sus proclamas de que un poco más de amor, ilusión y positividad van a hacer más bien que mal en estos momentos.

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