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La lucha contra los plásticos: ¿solo "postureo"?

Las marcas le declaran la guerra a los plásticos pero, ¿es solo "postureo"?

Las compañías están redoblando sus esfuerzos por luchar contra los plásticos. Pero, ¿tiene algún efecto real o todo ello solo es postureo?

plásticosÚltimamente, parece que el plástico está en todos los sitios, sobre todo en los medios de comunicación. Cada vez más empresas se decantan por reducir los plásticos, como ejemplifican McDonald’s o Starbucks, que recientemente se han unido para crear un vaso de cafe totalmente degradable.

La lista de compañías que han mostrado su preocupación por el problema de los plásticos en los últimos meses es larga: Hyatt Hotels, Disney, American Airlines o Barclays Center se unen a docenas de otras grandes corporaciones que han decidido rechazar, por ejemplo, las pajitas de plástico.

Pero merece la pena pararse un momento y preguntarse lo siguiente: ¿Realmente merecen la pena todos estos esfuerzos? ¿Sirven de algo o es tan solo un lavado de cara y una estrategia de relaciones públicas muy verde?

Por ejemplo, Starbucks recientemente decidió dejar de utilizar pajitas de plástico en sus bebidas frías. El problema es que su solución fue desarrollar una nueva tapa para los vasos, fabricada también con plástico. Ahora bien, la compañía insiste en que están hechas de polipropileno, muy reciclable.

Pero actualmente tan solo el 9% del plástico se recicla, según FastCompany.com. Por lo tanto, crear otro objeto de un solo uso que tiene un 91% de posibilidades de acabar cubriendo el océano no parece una solución real.

Y Starbucks no es el único ejemplo. Muchas otras compañías están enarbolando la bandera del ecologismo, desarrollando productos sin plástico. Pero no dicen nada sobre el resto de utensilios de plástico, el packaging y otros productos que siguen utilizando.

Lo primero que hay que ver es cómo hemos llegado hasta ese punto. Aunque el plástico lleva siendo un problema desde hace años, lo cierto es que Estados Unidos enviaba una buena parte de su basura a China. Pero en enero de este mismo año, el país asiático decidió dejar de ser el vertedero del mundo. El plástico se quedó a la deriva, sin un lugar al que ir.

Un problema que es todavía peor dada la falta de una buena infraestructura de gestión. Es decir, la humanidad simplemente no tiene las estructuras suficientes para gestionar toda la basura que produce. ¿El resultado? Miles de millones de toneladas de plástico al año acaban en los océanos. Un plástico que tarda años en descomponerse y que puede romperse en microplásticos que pueden durar para siempre.

Cualquier solución a este problema debería responder a dos preguntas. En primer lugar, ¿qué podemos hacer con las toneladas de plástico que ya pueblan nuestros mares? Y, en segundo lugar, ¿cómo podemos gestionar de forma responsable la basura que produciremos en el futuro?

Todas estas compañías que están sustituyendo sus productos plásticos están dando “solución” tan solo a la segunda pregunta. Pero en realidad no sirve de mucho si sus productos reciclables acaban parando en el océano de todas formas.

Ahora bien, aunque es cierto que eliminar las pajitas de plástico no va a limpiar los mares, es un gran paso hacia delante. Hay una verdad incómoda en toda esta cuestión: por mucho que queramos, no podemos vivir sin plástico. Al menos a corto plazo. Incluso las pajitas de plástico son de necesitad vital para muchas personas con discapacidades.

Pero las empresas deberían empezar a dedicar sus enormes recursos y sus siempre altas voces para luchar contra el malgasto de plástico y desarrollar un modelo de consumo más sostenible de cara al futuro. Son ellos quienes producen ese plástico, por lo que tienen una responsabilidad social. Y poseen las economías de escala necesarias para marcar la diferencia.

Según una encuesta reciente, el 86% de los consumidores considera que las compañías deberían enfrentarse a los problemas medioambientales. Y el 64% consideran que es muy probable que patrocinen a una compañía o a una marca que es activa en estos temas. Las compañías necesitan a los consumidores como estos les necesitan a ellas.

Pero los propios consumidores tienen que estar dispuestos a alzar las voces y pedir a las empresas que concreten sus acciones. Recriminar a aquellas empresas que tan solo quieran obtener ganancias fiscales y de marketing. Salvar al planeta de los plásticos es una maratón, una carrera de fondo. Invertir en el planeta es invertir en su marca.

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