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Le presentamos los factores que marcan la delgada línea entre 'la vida y la muerte' de una marca

bangEl mundo de las marcas es un universo complejo, competitivo y cambiante. El éxito de hoy jamás es garantía de seguir en el podio mañana, por ello es de necesidad vital mantenerse siempre ‘en forma’ adaptándose a los tiempos, innovando y mostrando creatividad.

Muchas son las marcas que han saboreado las mieles del éxito para acabar relegadas al más cruel de los olvidos. Pasar del amor al rechazo es sólo cuestión de gestionar mal algún detalle o ‘dormirse en los laureles’ y a continuación le explicamos el caso de dos de estas marcas que han vivido su particular ocaso.

La marca de telefonía canadiense Blackberry es un buen ejemplo: en los albores de la era smartphone sus terminales alcanzaron un éxito sin precedentes. Todos querían poseer uno de estos aparatos que permitían mandar correos de manera cómoda y sencilla, se conectaban a internet, etc.

Pero la incapacidad de la marca canadiense de adaptarse a los rápidos cambios que se suceden en el universo smartphone ha acabado por matar a la marca que en su momento llegó a parecer eterna.

Otro ejemplo es Lululemon, una marca de prendas deportivas especializada en ropa para hacer yoga, que vivió un auténtico boom que llegó incluso a catapultarla al estatus de marca de culto. Algunos de sus fans decían que Lululemon no era una simple marca, sino un estilo de vida.

Pero pronto las cosas comenzaron a cambiar, y los clientes comenzaron a quejarse de taras en las prendas y pantalones tan finos que se convertían en transparentes al doblarse. Las cosas empeoraron cuando el fundador de la marca contestó a las críticas con ataques, llegando incluso a decir que algunas mujeres “estaban demasiado gordas para llevar sus prendas”.

Esta declaración marcó el inicio del fin de la marca, que a pesar de seguir manteniéndose a flote ya no goza de la fama que la hizo brillar.

Estos dos ejemplos muestran que el mundo de las marcas no hay nada escrito y que el éxito y el fracaso van siempre de la mano, basta con despistarse para caer en el precipicio del olvido.

No existe una fórmula del éxito, pero hay que tener siempre en cuenta las tres C de las marcas (complejo, competitivo y cambiante) para permanecer siempre relevante.

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